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Análisis: Free! El inquietante final de un verano eterno

Hubo un tiempo en que la imagen del samurái honorable, impasible, diestro con la espada y sensible para la poesía era el ideal masculino de Japón. Todavía lo es, de alguna manera, y es fácil que así sea justamente porque la era de los samurái está cada vez más lejos en el tiempo y eso nos permite decorarla con cualquier cosa que nos parezca digna de nobleza.

En realidad, hacemos esto todo el tiempo, no sólo con los samurái. En la imaginación colectiva creamos imágenes sobre lo que es deseable y nos identificamos con ellas para actualizar la imagen que tenemos de nosotros mismos. Es un proceso constante, cotidiano, que casi siempre pasa desapercibido, pero que tiene profundas implicaciones en nuestra manera de relacionarnos con el mundo.

En ese sentido, soy de los que cree que, si bien el anime no es real, éste refleja de alguna manera a la realidad. Por lejano que ahora sea, el samurái alguna vez fue real y las cualidades que se le siguen atribuyendo en la fantasía en verdad le pertenecieron, en alguna medida. ¿Qué ideal tenemos en el presente?

Es más fácil plantear esa pregunta que resolverla. Si pensamos en el samurái, la distancia temporal nos permite amalgamar a todos ellos en una sola imagen arquetípica, cosa que no es tan simple con nuestros ejemplos más cercanos. A éstos podemos verles más claramente las diferencias. Desde el inconmovible Tatsuya, de Mahouka Koukou no Rettousei hasta el confundido Haru, de Free! Eternal Summer hay un mundo de diferencia aún en sus similitudes.

Tatsuya y Haru, en sus respectivos universos, forman parte de una élite. Poco se puede hablar del primero porque, al menos hasta ahora, casi todo de él es un misterio. Sólo sabemos que aparece como un tipo brillante, capaz, decidido, de mente fría y clara; pero desconocemos aquello que lo motiva y sus objetivos últimos.

De Haru, en cambio, sabemos un poco más. Su habilidad natural para la natación, que en la temporada anterior no representaba ningún problema en especial, aquí sí tiene un peso específico. La realidad se le impone. Su abstracto ideal de “nadar libre” se topa de frente con el hecho de que cada vez hay más expectativas en torno a él. Rin, con quien se reconcilió al final de la primera temporada, lo espera como un amigo y un rival profesional en aquella élite a la que pertenecen. Sus compañeros, menos talentosos que él, se están despidiendo y desean que pueda cumplir un sueño. Pero, ¿qué sueño? Para Haru, el momento de decidirlo está llegando.

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Haru. Incertidumbre.

Haru percibe las perspectivas que le ofrece el futuro como una especie de prisión. Sin saberlo, está luchando contra un ideal masculino más cercano a nosotros que el samurái: el del hombre competitivo, que se sacrifica a sí mismo por su carrera. Incapaz de conciliar su libertad con la prisión que advierte frente a él, el tiempo sigue pasando y el verano se sigue agotando.

El suyo es un dilema real. Es el mismo al que se enfrentan todos quienes tienen que decidir algo que, potencialmente, podría cambiar su vida. En cuanto a Haru, el eterno verano de su adolescencia está mostrando que después de todo sí tenía un final. Lo que quizá olvida es que el verano no es la última estación del año y que la vida sigue aún después del invierno.

Free! Eternal Summer cuestiona ese ideal masculino de competitividad y sacrificio. La pregunta es, ¿serán capaces de integrar la libertad con la competitividad? Ese no es un problema menor, ni es exclusivo de Haru sino, quizá, de toda una generación que necesita reconocerse e identificarse en un mundo tan lleno de expectativas contradictorias y ambigüedades. Un mundo en el que también es difícil ser un hombre talentoso.

Recuerden que pueden disfrutar de las dos temporadas de Free! en Crunchyroll.

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Psicólogo, psicoanalista y especialista en temas sobre Japón, su cultura y su sociedad. Entusiasta de las historias y sus lenguajes.

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