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Análisis: La hipersexualización de las chicas guerreras y el caso de Kill la Kill

El anime, como medio narrativo, cuenta con una serie de convenciones, géneros y estereotipos que no sólo lo hacen plenamente identificable sino que también conforman las razones mismas por las que su público lo elige, por encima (o además) de otras maneras de contar historias. Aunque pueden distinguirse estilos característicos en cuanto al diseño visual de los personajes, de los ambientes e incluso de los androides y otras tecnologías ficticias (uno de los tropos más recurridos), en líneas generales pueden observarse semejanzas fundamentales. Uno de estos elementos, quizá un tanto inespecífico y ambiguo, es la sentô bishôjo (戦闘美少女). Someramente, se trata de personajes, chicas guerreras de edad adolescente o preadolescente que, por alguna razón, dedican parte de su vida a combatir enemigos.

En su libro Beautiful Fighting Girl, el psiquiatra japonés Tamaki Saitô teorizó la relación entre los otaku y las llamadas sentô bishôjo. Saitô se plantea, entre otras, la cuestión misma de la existencia de semejante molde: ¿Qué necesidades satisface, en el público otaku, la existencia de una adolescente guerrera? ¿Cómo han influido en el desarrollo mismo de la industria del anime?

Si la industria del entretenimiento es, de alguna manera, el negocio del deseo, se puede adelantar que las chicas guerreras son una encarnación de algún tipo de deseo. Y no sólo eso: son un objeto de deseo estable. Se adaptan a las necesidades de cada generación, pero mantienen siempre la distancia suficiente como para no irrumpir abruptamente en el plano de la realidad. Lo que permite la conservación de los límites es el medio mismo. Los espacios contextuales en los que se crea la narrativa del anime obedecen a sus propios principios de espacio-temporalidad, códigos de expresión y comunicación verbal y gestual, convenciones narrativas, etcétera. Insertas en ese ambiente, las sentô bishôjo se preservan ajenas a la influencia de mundos paralelos y mantienen así, su pureza.

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Saitô observó que, en la mayoría de los casos, las sentô bishôjo parecen no darse cuenta de su propio potencial sexual. Salen al mundo a combatir enemigos en atuendos minúsculos, decorados con elementos femeninos, a veces infantiles, sin la menor consciencia de estar convirtiéndose así en objetos sobre los que se proyecta el interés sexual de los espectadores. En una curiosa contradicción, para muchas de estas jóvenes guerreras es más sencillo enfrentar toda clase de villanos monstruosos, poniendo en peligro su vida, que reconocer; incluso ante sí mismas, estar enamoradas de su compañero de clases. Es ese impasse, difícilmente observable en la realidad, lo que las estabiliza como objeto de deseo.

El ejemplo paradigmático que Saitô usa para su análisis (publicó su libro en el 2000) es Bishôjo Senshi Sailor Moon (美少女戦士セーラームーン), basada en el manga original de Naoko Takeuchi. Recordaremos que para luchar, Sailor Moon usaba un uniforme muy semejante al que normalmente llevaba a la escuela; con el mismo estilo marinero con algunos decorados extra, una falda más corta, botas y otros accesorios. La secuencia de transformación, recurrente en cada episodio, se componía de un conjuro para invocar conversión a Sailor Moon, seguida de su silueta desnuda envolviéndose en los distintos elementos de su atuendo.

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Sailor Moon ha sido objeto de mucha discusión. En su libro, Saitô elaboró un resumen de los puntos más generales: para algunos, Sailor Moon representaba un progreso para la imagen de la mujer; colocándola en el papel central como heroína y no como accesorio del héroe. El hecho de que ella hubiese sido creada por una mujer, abonaba a esta percepción. Otros, sin embargo, dudaron de este supuesto progreso argumentando que su estética y carácter infantil en realidad no era sino una confirmación de los estereotipos femeninos tradicionales e incluso señalaron que el notable interés de los otaku por Sailor Moon era una confirmación de que estaba diseñada para inspirar moé en ellos.

En este contexto, el discurso planteado por Kill la Kill (キルラキル) merece atención. La opera prima del guionista Kazuki Nakashima para el estudio Trigger ha gozado de mucha popularidad; quizá porque retoma elementos bien conocidos de las sentô bishôjo, pero poniéndolos al servicio de una narrativa y estética crítica.

Kill la Kill es la historia de Matoi Ryûko quien, buscando venganza en contra de quienes asesinaron a su padre, es transferida a la Academia Honnôji. Ryûko es una adolescente de diecisiete años, de mirada desafiante, acostumbrada a pelear y ganar. Pronto se toparía de frente con la extraña dinámica de la Academia: todos los estudiantes están clasificados con base en el número de Estrellas de su uniforme (de cero a tres), que eran otorgadas por decisión directa de la Presidenta del Consejo Estudiantil, Kiryuin Satsuki. Por debajo la Presidenta había cuatro estudiantes que llevan uniformes de Tres Estrellas y están a cargo de los Comités de Información, Disciplina, Clubes Deportivos y Clubes Culturales. Aquellos que presiden los clubes escolares llevan uniformes de Dos Estrellas y numerosos más, a las órdenes de los últimos, son estudiantes de Una Estrella. Mako, la primera amiga que Ryûko hace apenas llegar, carecía de Estrella.

Las Estrellas no sólo determinaban su posición en la jerarquía de la escuela, también se relacionaban directamente con el lugar y las condiciones en que vivían. Las mejores residencias, cercanas a la Academia, se reservan para los estudiantes con Estrellas, en tanto que los barrios más pobres y lejanos corresponden al resto de los estudiantes.

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Haciendo caso omiso al régimen prácticamente militar impuesto por Satsuki, Ryûko la retó directamente a pelear, buscando obtener de ella la información que buscaba. Derrotada en su primer intento, Ryûko regresó a las ruinas de la que fuera casa de su padre, sangrando aún por sus heridas. La sangre despertó a un uniforme escolar, de estilo marinero, que estaba entre los escombros. El uniforme, Senketsu, cobraba vida con la sangre y tenía la capacidad de mejorar las habilidades de Ryûko más allá de los alcances de los uniformes de Dos Estrellas. Sin embargo, el uniforme por sí mismo no servía de nada si no se transformaba a su versión de combate. Pero, por otro lado, la transformación restaba tela al uniforme, volviéndolo extraordinariamente pequeño; de tal manera que Ryûko se veía obligada a pelear prácticamente desnuda.

La cuestión del atuendo de combate, potencialmente atractivo para el espectador, está presente en la mayoría de los anime que involucran chicas guerreras, pero pocas veces se ha visto uno tan revelador como el de Ryûko. Esto marca una diferencia significativa, relacionada con lo que sigue: a diferencia de las sentô bishôjo descritas por Saitô, Ryûko –y quienes la rodean– son muy conscientes de su potencial sexual. Ella se muestra apenada por verse obligada a usar ropa que juzga vergonzosa y es objeto del interés morboso de sus compañeros y los miembros varones de la familia Mankanshoku.

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En un giro disparatado de la narrativa, lo que empezó siendo una historia de venganza, terminó en una revolución armada para lograr la supervivencia y la afirmación de la humanidad. En algún momento se descubre que Senketsu, como los de los estudiantes de la Academia Honnôji, está elaborado de fibras de origen extraterrestre que, mediante la creación de la necesidad imaginaria de vestir, han minado desde el principio de los tiempos, la voluntad y fortaleza de la humanidad. Esa conspiración llevaría en última instancia a la extinción de la humanidad.

Ryûko, como personaje, contradice las descripciones de Saitô en todos los puntos: es consciente de su sexualidad, tiene motivación propia y su agresividad está orientada a un objetivo específico. Sin embargo, pese a sus duras condiciones, no está incapacitada para la amistad y la lealtad, lo que le confiere cierta complejidad y permite atribuirle motivación. En el fondo, Ryûko es una chica a quien la tragedia robó la oportunidad de tener una vida normal, como probablemente habría deseado.

Por otro lado, la estética de la animación usada en diversos momentos de la historia también confiere a Ryûko cualidades para desarrollar moé. Por ejemplo: mientras acudió a la Academia Honnôji, vivió hospedada con la familia Mankanshoku quien le proveyó comida, techo e incluso una pijama usada, de color amarillo y decorada con conejitos, que le quedaba un poco pequeña. El detalle servía para suavizar e infantilizar su postura, habitualmente desafiante, y normalizarla en un contexto cotidiano.

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En contraste con la teoría de Saitô, Hiroki Azuma postuló que, en las narrativas del anime, a partir de la segunda mitad de la década de los noventas se puede observar lo que él llama animalización. Esto consiste en confeccionar personajes y situaciones recurriendo a una base de datos de características reconocidas mediante convenciones ensayadas a lo largo del tiempo, en un contexto que no busca construir universos sino pequeños mundos compuestos sólo de imágenes. Por contraste con las grandes narrativas del pasado, los pequeños mundos del presente se construyen con moldes que no admiten complejidad sino incoherencia. El sentimiento moé correspondería con esta lógica que, necesariamente, desarticula cualidades intercambiables y las separa de la narración, fragmentando la percepción.

El uniforme transformado de Ryûko la hipersexualiza y reduce a la mayoría a la categoría de animales, incapaces de dominar sus impulsos naturales y ver lo que está más allá de sí mismos. Quizá por eso es que la ropa es el enemigo: la voluntad humana se sujeta a ella más de lo que se estaría dispuesto a admitir. El valor de esta historia –si bien no termina por ser una gran narrativa–, está en denunciar ese sistema y usarlo a su favor.

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Psicólogo, psicoanalista y especialista en temas sobre Japón, su cultura y su sociedad. Entusiasta de las historias y sus lenguajes.
Un comentario
  • Recomendación: Genshiken, aproximación al “True Otaku” | RetornoAnime, Japón en tus manos.
    9 Noviembre 2015 at 5:55 PM
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    […] libro Beautiful Fighting Girl (Minnesota Press, 2006), el psiquiatra japonés Tamaki Saito (quien ya se ha mencionado anteriormente) hace referencia a Genshiken como una serie que refleja de una forma bastante aproximada al cómo […]

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