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Análisis: La soledad de Kurome (Akame ga Kill!)

Si he de ser franco, Akame ga Kill! me decepcionó. Justo es decir que no prometió mucho desde el principio, pero también lo es recordar que tuvo momentos y personajes que merecieron una historia mejor contada. Uno de ellos es Kurome.

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Su existencia e importancia, se anunció desde las etapas tempranas de la serie: Kurome es la hermana menor de Akame y una potencial rival. Tatsumi, que, en ese punto estaba conociendo las historias detrás de los miembros de Night Raid, no comprendía claramente por qué Akame estaba decidida a matar a su hermana siendo tan evidente que la amaba. Las razones, por cierto, nunca son explícitas. Es verdad que Akame estaba lo bastante convencida de su misión como para permitir que sus sentimientos interfirieran, pero en su determinación había algo más; algo que Kurome también compartía.

La cuestión me recordaba mucho a otra historia que leí hace años. En X, inconcluso manga de CLAMP, había dos personajes rivales que, a su vez, se amaban profundamente: Seishirô Sakurazuka y Subaru Sumeragi. Aunque ambos afirmaban no albergar mayor deseo que el de dar muerte al otro, lo cierto es que, por distintas razones, anhelaban morir por la mano de su amado. Morir así puede entenderse como una entrega definitiva y total: la culminación de la promesa frecuente de dar la vida por el otro.

En las hermanas, creo, ocurría algo semejante. Abandonadas desde pequeñas, adoptadas por el Imperio para convertirlas en instrumentos de muerte, Kurome y Akame sortearon una dificultad tras otra sin más motivación que la de permanecer juntas. Durante su entrenamiento Kurome, más débil por naturaleza, necesitó de su hermana para sobrevivir. Akame respondió a esa responsabilidad creciendo en fuerza y habilidad lo que, paradójicamente, terminó causando su primera separación: fue reclutada para formar parte de una fuerza especial de asesinos, distinta a la de su hermana.

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Así, Kurome creció con el temor constante de ser desechada si mostraba sus debilidades. Eso, quizá, la hacía mucho más temible de lo que se esperaría en una asesina: para ella era cuestión de matar o morir en más de un nivel. Volver después de cada misión a los brazos protectores de su hermana era su principal motor.

Tristemente, la propia Akame fue su primer verdugo. Consciente de la maldad del Imperio, Akame desertó de sus filas para unirse a Night Raid. Su perspectiva cambió de tal modo –y estaba tan convencida de ello–, que desde ese momento supo que en algún punto enfrentaría a su hermana. Para Kurome, cuya vida dependía de una droga que sólo podía administrarle el Imperio, la deserción no era una opción. Akame la estaba abandonando.

Kurome no dejó de amarla. Anhelaba el momento de cruzar espadas con ella, de derrotarla e incorporarla a su “colección”. Yatsufusa, la espada de Kurome, tenía la perversa habilidad de reanimar y controlar a los muertos. Si la derrotaba, no sólo la tendría a su disposición siempre que quisiera; habría invertido los roles de su vínculo y ahora sería ella quien la protegería. Incluso morirían juntas. Así de profunda era su soledad.

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Al integrarse a los Jaegers, Wave notó la insistencia de Kurome por el aislamiento e intuyó que detrás del espantoso uso que daba a su arma había una chica temerosa de su soledad. Le ofreció su amistad y Kurome supo agradecerla a su manera.

El anime dio una solución de compromiso a su conflicto con Akame (en el manga es una cuestión todavía insoluta). Herida desde su enfrentamiento con Chelsea, Kurome citó a Akame en un sitio familiar para ambas con la finalidad de que sirviera de escenario para su combate definitivo. Sin mucha emoción (sólo un ligero guiño al tiempo en que ambas fueron aliadas), la pelea se decidió en favor de Akame. Comprensiblemente, Kurome pareció feliz de hallarse de nuevo en los brazos de Akame; de permitirse, por última vez, ser arropada por ella. Pese a las fallas del relato, fue un final digno.

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La adaptación animada de Akame ga Kill! tuvo oportunidad de crear personajes realmente memorables, pero la desperdició. El relato de Kurome fue de los pocos que escapó de la irrelevancia, pero no de la insuficiencia.

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Psicólogo, psicoanalista y especialista en temas sobre Japón, su cultura y su sociedad. Entusiasta de las historias y sus lenguajes.
Un comentario
  • Tim Guest
    18 Enero 2015 at 9:12 AM
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    Cierto. Cuando Wave se preguntaba si así de fácil sería como acabaría, aunque lindo por ser ante quien era y por deseo propio de ella misma, yo sentí ese vacío de quien ve algo que pudo ser mucho mas irse de modo demasiado efímero y fugaz. Aún tengo esperanzas en ver el final que le den en el manga.

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