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#Anime: Reseña | Primavera 2017 (Semana 12)

La temporada de primavera está por terminar y yo, la verdad, estoy bastante satisfecho. Me he sentido emocionado, extasiado, enternecido…

Attack on Titan -Segunda Temporada- (Capítulos 10-12) [FINAL]

Las últimas tres semanas me he descubierto anticipando cada nuevo capítulo con mucha emoción: han tenido tanto momentos emotivos como de acción, instantes de incertidumbre y algunas tomas francamente espectaculares. Algunos de los personajes que, durante toda la primera temporada carecieron de lustre, en estos últimos episodios llegaron a brillar, aun si sólo fue brevemente.

Por supuesto, Reiner y Bertholdt representaron (para quienes sólo vemos el anime), la mayor de las sorpresas al revelarse como los titanes Acorazado y Colosal, respectivamente. Esto, de alguna manera, subraya lo que ya se sospechaba desde la captura de Annie: que hay grupos ajenos al gobierno de las murallas, tratando de intervenir en él. La cuestión, sin embargo, no termina ahí. El caso de Ymir (que, a decir verdad, parece un tanto sacado de la manga), demuestra que los titanes pueden ser ‘creados’ y que las habilidades especiales se adquieren, probablemente, a través del acto de devorar a su portador. Su encuentro fortuito con ellos cuando aún vagaba como titán demente le dio nueva vida y le abrió las puertas a una nueva vida, lejos de quienes la habían usado para mantener un culto religioso extraño y criminal en el lugar donde solía vivir. Todo esto, aunado a la relación existente entre Ymir e Historia le da un nuevo empuje a la persecución que la Tropa de Reconocimiento hace a Reiner y compañía, cosa que ocupó el tiempo de todos los capítulos restantes.

Un problema sigue siendo Eren. En teoría él es quien protagoniza la historia, pero las más de las veces los hechos ocurren en torno a él y no como resultado de sus acciones o sus motivaciones. Para Reiner y Bertholdt, Eren es una pieza importante, pero no queda claro por qué. Para Erwin, la Tropa de Reconocimiento y, en última instancia, el orden al interior de las murallas, Eren es importante porque podría ser la clave para llegar al fondo del misterio que involucra tanto a los titanes como a las murallas mismas. Él, por su parte, no tiene ojos más que para su venganza personal, lo cual se pierde por completo ante la magnitud de todo lo que acontece. Es en ese sentido que parece afortunado que entre los titanes que aparecieron durante toda la secuencia estuviera justo el que devoró a su mamá, pues no sólo permitió que Hannes tuviera un último momento de gloria y redención ante los ojos de Eren y Mikasa, con quienes estaba en deuda, sino que también sirvió para enfatizar la razón por la que Eren es importante; es decir, que sus poderes tienen mucha mayor influencia en este mundo que la que, hasta ahora, ha podido verse.

Creo, sin embargo, que uno de los problemas fundamentales de esta serie es mantener el balance entre los misterios que aún desea mantener ocultos y el ritmo de los acontecimientos. A estas alturas muchas cosas que ya pueden inferirse: que los titanes son producto de alguna tecnología humana, que las murallas no son el único asentamiento humano civilizado, que al interior del gobierno existen distintos conflictos que le hacen perder cohesión… En ese sentido, como espectadores, estamos más o menos al mismo nivel que Eren y la Tropa de Reconocimiento, pero sin nada que lo justifique realmente. Soy de la opinión de que ir soltando la información ayudará a la audiencia a tener más claro el contexto de todo lo que ocurre (aun si los personajes centrales permanecen en la ignorancia) porque, de lo contrario, la sensación que deja es que están por tomarte el pelo.

Con todo, esta temporada me dejó con un mejor sabor de boca que la anterior y tengo algunas buenas expectativas por lo que siga.

Eromanga Sensei (Capítulos 9-11)

La verdad es que, pese a todas mis reticencias, reconozco que Eromanga Sensei hace muchas cosas bien. Los capítulos 9 y 10, específicamente, que dedicaron casi por completo a Elf y Muramasa respectivamente, sirvieron para prestarles la oportunidad de ganarse a la audiencia por derecho propio y no sólo como complementos para un harem cuyo resultado está decidido desde el principio.

El pretexto, en ambos casos, fue el viaje de entrenamiento que todos hicieron a la casa de descanso de Elf. El ambiente tropical era propicio para toda clase de situaciones erótico-jocosas a las que historias de este tipo nos tienen ya habituados y Elf no dudó un solo instante en poner a prueba a Masamune, primero mediante sus ‘juegos’ en la playa, pero, especialmente, en la escena en el bosque de las luciérnagas. Es difícil no gustar de esta chica que, si bien no se atreve a expresar sus intenciones de la forma más directa, sabe muy bien cómo hacer sentir especial al objeto de su afecto.

En ese sentido, Muramasa tampoco está en desventaja. Aunque para el público puede ser, quizá, poco atractiva, la imbatible admiración que siente por Masamune es un gran motivador para él como escritor. Dejando de lado lo inverosímil, el hecho de que Masamune escribiera una continuación inédita, en una sola noche, para el deleite personal de Muramasa es evidencia suficiente de cómo son los lectores quienes hacen al autor y, desde otro ángulo, de cómo el amor que uno siente por algo, es capaz de transformarlo.

Finalmente, el capítulo 11 nos mostró hasta qué punto el vínculo entre Masamune y Sagiri parece ser cosa del destino. Mediante un flashback, Masamune recuerda cómo, poco después de la muerte de su madre, empezó a escribir. Masamune adoptó la escritura como un pasatiempo; uno que le mantuviera siempre alegre y restara preocupaciones a su padre. Publicaba en línea y tenía una sola lectora, que creía que sus historias eran divertidas. La retroalimentación lo animó a seguir (cosa que ya desde el capítulo de Muramasa era clara) y, convencido de su propio talento, eventualmente se animó a enviar sus manuscritos a una editorial. Lo que él no sabe es que aquella lectora no es otra sino la propia Sagiri.

Sin duda debe haber cierto goce en la posición de Sagiri: al escuchar la historia que ella bien conoce, pero narrada por Masamune, supo que fue ese vínculo el que inició la carrera profesional de ambos y contribuyó a acercarlos al momento culminante que ahora se materializó con el lanzamiento de su nueva novela ‘La hermanita más linda del mundo’. Que su relación haya empezado así y se haya convertido en lo que es ahora parece cosa del destino.

No puedo dejar de mencionar el cameo que hizo el elenco de OreImo hacia el final de este episodio. No creo que sorprenda a nadie que Kirino sea fan de la novela más reciente de Masamune; se trata, básicamente, del cumplimiento de una de sus mayores fantasías.

Alice & Zouroku (Capítulos 9-11)

Tendré que tragarme mis palabras, pues la historia de la Bruja Malvada fue mucho más lejos de lo que imaginé y, en lo general, ha contribuido muchísimo a dar solidez a la historia de Sana y Zouroku.

Hatori, como antagonista, es mucho más interesante y cercana que el staff del centro de investigación: representa todo contra lo que Zouroku ha advertido a Sana y, además, parte más o menos de su misma condición. Como Sana lo fue alguna vez, Hatori es una chica a quien las condiciones la han enajenado de aquello que podía hacerla feliz. Su mala fortuna consiste en no tener una figura como Zouroku.

Sin embargo, es de llamar la atención que Sana no se queda tranquila con haber resuelto el hechizo de Hatori. El fantasma de la incertidumbre la lleva a tomar acciones para castigar a la Bruja Malvada y su temeridad la vuelve víctima de sí misma. El País de las Maravillas, ése extraño lugar que contiene las experiencias de Sana, se expande y atrapa a ambas chicas en un lugar sin salida en el que todos los encuentros pueden ocurrir. Por lo pronto ya pudimos ver a Sana y Hatori acercarse a través de las heridas que comparten, de la soledad y la incomprensión que cada una en su contexto vivió.

Otro aspecto notable es lo mucho de Zouroku que Sana ha ido integrando a su personalidad. Todo ese “agotamiento” del que tanto se queja parte de vivir acontecimientos que escapan a su manera de entender las cosas; a lo que ha aprendido que está bien o mal. Sana está incorporando la ética de Zouroku a sí misma porque le da límites claros y le permite establecer mejor su relación con el mundo. El desorden en que se convirtió el País de las Maravillas es evidencia de cómo esos límites siguen siendo frágiles y cómo sigue necesitando la guía de Zouroku para lidiar con ello.

WorldEnd -SukaSuka- (Capítulos 9-11)

Algunas de las cosas que anticipaba la última vez que escribí sobre esta serie no ocurrieron y otras, en cambio, se vieron sumamente favorecidas.

De entre lo dejado de lado está el caso de Tiat, que tuvo importancia varios episodios, pero que quedó de lado ante la nueva misión en la superficie, que consumió todos los acontecimientos hasta ahora. Su contribución a la historia, sin embargo, no puede decirse que haya sido menor: puso en la mesa el injusto trato que reciben las hadas en virtud del sacrificio que realizarán y mostró cómo, pese a que tanto depende de ellas, para el sistema que las usa son poco más que objetos.

La diferencia, en teoría, la estaba haciendo Willem. No sólo en su trato con Chtholly sino con el resto de las hadas también; entre quienes se cuentan sus amigas y sus pupilas. Es verdad que su preocupación por ellas nace de la culpa que ha arrastrado desde siglos atrás, pero eso no resta nada a la bondad y efectividad de sus acciones.

Por eso es importante notar que, a medida que nos acercamos al final, los cuestionamientos llegan justo en ese lugar. Ante una Chtholly cada vez más reducida Willem se plantea si realmente pudo haberla hecho feliz y si, al tratarla como si fuera una niña, no estaría traicionando sus intenciones hacia ella. Este punto es un conflicto complejo que no estoy seguro que la serie alcance a resolver satisfactoriamente: si Willem mantuvo cierta distancia con Chtholly en primera instancia no fue necesariamente porque no fuera capaz de apreciarla por lo que ella era; pienso que tuvo más que ver su propia reticencia al vínculo. Nadie se juzga más duramente que él mismo por su pasado.

Ese es otro aspecto en el que la serie ha sido, hasta ahora, poco satisfactoria: el contexto de Willem en el pasado y lo que ocurre con el espíritu errante que ahora forma a Chtholly ha sido más sugerido que explicado, pero aún queda tiempo para subsanar esto y cerrar la historia de manera épica. Sospecho que así no sólo se redondeará a Willem como personaje, sino que hará mucho más real y trascendente su relación con Chtholly. No queda sino esperar.

Tsuki ga Kirei (Capítulos 9-11)

El romance entre Akane y Kotarou es una de las cosas que cada semana disfruto mucho. Pese a sus más que evidentes defectos de animación, la historia se desenvuelve siempre con una suavidad que es digna de reconocerse.

Estas últimas semanas nuevos (y viejos) dilemas se hicieron presentes. Por un lado, Hira, que ha pretendido a Akane desde siempre, no pudo evitar declarársele pese a saber que ella tiene un novio. Hablo de esto primero porque es importante: desde cierto punto de vista, Hira está cruzando los límites al insistir con Akane a sabiendas de que será rechazado. Por otra, hay cierto honor en exponerse al fuego sólo para tener la oportunidad de hacer justicia a los sentimientos que le tomó tres años poder formular en voz alta. Aunque incómoda, Akane le respondió apropiadamente y explicó algo que sé que a muchos hombres nos cuesta entender a la primera: que la intimidad de la amistad no siempre puede convertirse en la intimidad de un noviazgo.

Otro punto en torno a esa escena particular es la ira de Kotarou. Presenció la escena en la sombra —como ya había hecho en otras ocasiones— y, como en aquellas, eso sólo sirvió para alebrestar sus inseguridades. La diferencia es que esta vez decidió proyectarlas en Akane, que resintió el frío trato al que su novio la sometió y pasó horas de verdad inquietantes. No puede decirse que Kotarou o Hira sean malas personas, pero este conjunto de escenas es un ejemplo de cómo cierto nivel de machismo se expresa aun en las relaciones más inocentes y cómo éste puede estar ligado a la propia inseguridad.

Siguiendo esa línea, parte de las inseguridades de Kotarou se explican por sus condiciones particulares. Por un lado, sus sueños de ser escritor parecen difuminarse ante el rechazo y, por el otro, la presión de su madre para que suba sus calificaciones y entre a una buena escuela se han ido convirtiendo en una constante. De tal modo que cuando se anunció la probable mudanza de Akane, lo primero que temí fue que Kotarou decidiera tirar todo al traste.

Una de las cosas que más pueden gustarme de una historia romántica es ese momento en el que el otro sirve como estímulo. La mudanza de Akane derivó en que Kotarou decidiera acudir a la misma escuela que ella, así le tomara dos horas de viaje hacerlo. La tarea no es fácil, porque la escuela a la que irá Akane es exigente, pero Kotarou es la clase de persona que una vez que se convence, es difícil que se retracte.

La coyuntura parece favorecedora. Me gusta cómo se empalman ambas historias para destacar la importancia que el apoyo de la familia tiene en las vidas de ambos: en Akane, cómo el apoyo de los suyos le sirvió para correr con ímpetu en las competencias y, para Kotarou, el reconocimiento de la legitimidad de sus razones para acudir a una escuela tan lejana es, al mismo tiempo, un voto de confianza.

La verdad es que espero un final enternecedor.

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Psicólogo, psicoanalista y especialista en temas sobre Japón, su cultura y su sociedad. Entusiasta de las historias y sus lenguajes.

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