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#Anime: Reseña | Primavera 2017 (Semana 7)

Ya vamos a media temporada y, nuevamente, es hora de comentar los acontecimientos de algunas propuestas de esta temporada. Aunque no soy fan de los capítulos de resumen, no negaré que me dio gusto volver a ver las escenas clave del lento romance que se desarrolla en Tsuki ga Kirei. Las demás series, en cambio, avanzan a un ritmo bastante aceptable y —con la excepción de Eromanga Sensei, que ya comentaré más adelante— me dejan muy satisfecho.

Attack on Titan -Segunda Temporada- (Capítulo 7)

Este ha sido, de lejos, el capítulo más emocionante hasta ahora. La esperada batalla entre Eren y compañía contra los titanes Colosal y Acorazado llegó con toda la carga emocional que surge de la traición y la amistad rota. Los sentimientos, en ese sentido, estuvieron muy bien representados.

Primero fue Mikasa. Un brevísimo momento de duda y no fue capaz de matar a Reiner y a Bertholdt. Un momento de duda apoyado no sólo en sus caras todavía humanas, también en la experiencia compartida. Mikasa no es una máquina de matar: es un soldado, en el sentido estricto: su misión es proteger a los suyos.

Eren, mucho más temperamental, se lanzó una y otra vez al ataque. Era natural esperar que recordaría la escena en la que perdió a su familia. Es natural esperar que su furia lo ciegue. Lo que sorprende es que haya recordado que ellos mismos le enseñaron a pelear y que haya podido usar eso a su favor. Con dificultades Eren logró someter al Acorazado y esperaba hacerle pagar por sus pecados. Veremos qué ocurre, pero sospecho que no tendrá éxito en ello.

Nuevamente, el entramado de la serie hace suponer trasfondos terribles. Si Reiner y Bertholdt son responsables de la invasión de varios años antes quiere decir que ellos eran apenas unos niños cuando ocurrió. Les han prometido que podrán ‘volver a casa’ y ellos son capaces de todo por hacerlo. ¿Pero quién está detrás? ¿Con qué propósito?

Eromanga Sensei (Capítulo 6)

No es difícil adivinar por qué esta serie es la más popular de la temporada en Japón. Además de los diseños de personajes (que son encantadores, hay que decirlo), la historia que narra es sumamente autocomplaciente. Esa es, en mi opinión, su principal virtud para vender, pero, al mismo tiempo, su principal defecto como relato.

Por ejemplo, este capítulo apenas y avanzó en la historia. Todo se redujo, básicamente, a dos elementos: que Megumi lograra acercarse finalmente a Sagiri (a costa de convertirse en una otaku de las light novels y, posteriormente, dejarse acosar por ella) y a presentar a un nuevo personaje: la escritora Muramasa Senju. Con su aparición, lo que se anticipa son férreas competencias, pero quién sabe en qué terrenos: ¿éxito como escritores? ¿competencia por las atenciones de Masamune? ¿Por las ilustraciones de Eromanga Sensei? Ya veremos, supongo.

Pero que conste: no soy enemigo ipso facto del fanservice en tanto no se convierta en un obstáculo para el relato. Eromanga Sensei está cayendo decididamente en este terreno. Para beneficio de sus ventas, claro.

Alice & Zouroku (Capítulo 6)

Después de la batalla (y la pausa de una semana) esta serie vuelve para regalarnos un episodio mucho más relajado, pero no desprovisto de interés.

Los días de Sana como integrante de la familia de Zouroku están llenos de nuevas experiencias y aventuras cotidianas. Ayudar en casa, hacerse cargo de pequeñas actividades, acompañar a Zouroku en sus labores, cortarse el pelo… para Sana, que hasta hace poco no era más que un objeto de estudio, todo eso que nosotros damos por sentado debe ser como conquistar el paraíso.

De ahí que el tema central haya ido de averiguar qué significa ser una familia, que para ella también es nuevo. Conviene recordar que, hasta ahora, Sana sólo ha distinguido entre “buenos” y “malos”. Familia es un concepto más complejo y la serie no desaprovechó la oportunidad para demostrarlo: una familia puede ser una pareja de enamorados que está por casarse y, también, un abuelo, su nieta y ella. No son la misma clase de familia, pero eso no obsta para que quede claro que, en el fondo, ese vocablo define al lugar en el que podemos sentirnos seguros y acompañados.

Nada mal para un episodio ‘menor’.

WorldEnd -SukaSuka- (Capítulo 6)

Aunque la forma en que presenta los hechos y maneja las emociones sigue pareciéndome entrecortada y dispersa, esta semana WorldEnd casi terminó de dar coherencia a su planteamiento inicial.

Willem, que como todos sabemos ya, es un héroe de otras épocas, descubre que un viejo compañero de armas y un antiguo enemigo están a cargo de mantener el mundo en el que viven. Es a ellos a quienes se debe el sistema de islas flotantes y quienes también se ocupan de abastecer de hadas a las defensas. El propósito de todo es reconquistar la superficie.

Willem, sin embargo, plantea serias dudas a este objetivo. Pensar que ‘recuperar la superficie’ es un bien por sí mismo podría ser un error, pues, desde su punto de vista, no hay nada a lo que volver. Quienes habitan las islas están acostumbrados a hacerlo y no necesitan el cambio. Así, Willem representa a la postura conservadora, la que confiere valor a lo que tiene ante sus ojos y no se desencamina en busca de pasados perdidos o tesoros por venir. La información a su disposición podría no ser suficiente para tomar esa postura a pie juntillas, pero no es inválida y menos si se toma en cuenta lo que se sacrifica: a las hadas mismas.

La crítica de Willem es demoledora, pero quizá no baste para convencer a quienes rigen su mundo. Ellos persiguen intereses que quizá sean mucho menos altruistas de lo que se puede atribuir hasta ahora.

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Psicólogo, psicoanalista y especialista en temas sobre Japón, su cultura y su sociedad. Entusiasta de las historias y sus lenguajes.

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