Cultura

Opinión: ¿Qué es ser otaku?

Resulta que, si uno busca una definición de otaku, es muy poco probable que encuentre una que le haga justicia. Para nosotros es una palabra de uso común pero, ¿de dónde viene?

Al parecer, la primera vez que se usó para referirse a los fans del anime y el manga, fue en 1983. Entre sí, esos fans usaban la palabra otaku (お宅) como sustituto respetuoso de y ese hecho llamó la atención de un periodista, quien empezó a usarla para nombrar a los miembros de ese grupo. Sin embargo, fue en 1989 que la palabra alcanzó renombre tras el incidente de Tsutomu Miyazaki: un asesino serial cuyas víctimas fueron niñas entre cuatro y siete años de edad. Durante las investigaciones se descubrió que Miyazaki poseía una nutrida colección de pornografía infantil y que, además, era un gran aficionado al anime y al manga. De hecho, siguió consumiéndolos en prisión, hasta el día en que fue ejecutado. Por esta razón, los medios de comunicación lo llamaron el Asesino Otaku.

Naturalmente, este incidente puso a la sociedad japonesa a la defensiva y los otaku fueron objeto de suspicacia. Se les tildó de pervertidos, sospechosos, inmaduros, incapaces de relacionarse, etcétera. No puede decirse que esas características sean la mejor carta de presentación, pero tampoco puede negarse que esa imagen persiste, de uno u otro modo, en el imaginario colectivo.

Tatsuhiro

Satou Tatsuhiro (NHK ni Youkoso!, 2006)

Pese a esto, en la década de los noventas se registró un boom en la exportación de anime y manga al extranjero, por lo que la palabra otaku se extendió también a los fans occidentales. Así, el concepto mismo de ser otaku fue diversificándose y redefiniéndose, saliendo del estereotipo de friki japonés, para fundirse entre fans de distintos países y culturas, que fueron apropiándose del anime y el manga a su manera. Esto cambió el mercado y, adicionalmente, hace más difícil trazar los límites. Por ejemplo: si ustedes tuvieran que decir qué es lo que los hace otaku, ¿qué responderían?

¿Ven anime? ¿Leen manga? ¿Coleccionan figuras? ¿Hacen cosplay? ¿Escriben fanfics o dibujan? ¿Escriben reseñas? ¿Toman clases de japonés? Bien. Todas éstas (y otras) son conductas que asociamos a ser otaku y todas ellas hablan de una pasión que quizá raya en lo obsesivo, cuya característica más sobresaliente es la especificidad. Es decir, sabemos que alguien es un otaku porque practica constantemente –y a veces obsesivamente–, algunas de esas conductas. Adicionalmente puede ser un gamer, un Trekkie¸ o cualquier otra cosa, pues no son mutuamente excluyentes. Con el tiempo, esta cualidad se amplió lo suficiente como para que la palabra otaku definiera no sólo a los consumidores, sino esa forma apasionada de apropiación por el anime y manga, o (en años más recientes) por cualquier otra cosa.

Kousaka Kirino (Ore no Imouto ga Konna ni Kawaii Wake ga Nai, 2010)

Un profesor –japonés– me decía que la palabra otaku ya no define únicamente a quienes ven anime o leen manga, sino a quienes coleccionan cosas que tienen que ver con sus intereses, cualesquiera que éstos sean, y las presumen a otros con quienes comparten el gusto. Esto ya no sólo habla de apropiación sino también de comunidad.

Esta interpretación comunitaria de lo otaku (ya no hablemos de personas sino de cualidades) es bastante interesante porque, de alguna manera, es como si se regresara al origen. De alguna manera, otaku (お宅) se refiere a lo privado, a la casa en que uno vive, lo que uno es. Siguiendo esta lógica, ser un otaku está mejor relacionado con expandir lo íntimo con otros y construir una comunidad en torno a ello. Tenemos pruebas de esto: los grupos de otaku se organizan para ver y discutir anime, comparten sus fanfics y doujinshi por Internet, se reúnen en eventos, conciertos y concursos, hacen pasarelas de cosplay, o (como acá, en RetornoAnime), unimos esfuerzos para informar y debatir críticamente. De esa manera nos apropiamos de esas historias y personajes que tanto amamos. Si me preguntan, me parece una idea muy linda y no del todo extraña. Después de todo, la necesidad de pertenecer a una comunidad es una de las que más nos sobresalen, ya no sólo como otaku, sino como seres humanos.

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Psicólogo, psicoanalista y especialista en temas sobre Japón, su cultura y su sociedad. Entusiasta de las historias y sus lenguajes.

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