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#Primavera2017 | Primeras Impresiones (y una última)

Miss Kobayashi’s Dragon Maid (Capítulo Final)

¿Qué es lo que hizo especialmente conmovedor el último episodio de esta serie? La respuesta es simple: la verbalización de Kobayashi.

Porque, en realidad, todo lo demás ya había ocurrido. Sabíamos, por ejemplo, que el amor de Tohru no era correspondido en un sentido romántico, pero que la convivencia cotidiana ha hecho de estas tres (incluyendo ya a Kanna), una familia en toda regla. Sabíamos que Kobayashi apreciaba su nueva vida, expresándolo a través de las mil maneras en que ella puso de sí para que funcionara. Los ejemplos son muchos: se mudó a un departamento más grande, proveyó a Kanna lo necesario para la escuela, educó a Tohru en el arte de vivir en este mundo y, siempre que pudo, consintió sus caprichos. Kobayashi siempre reconoció que su vida con las dragonas era peculiar, pero se dejó llevar por la sensación de bienestar que venía de la mano de esa cotidianeidad. Su carácter reservado hacía que no lo expresara abiertamente, pero su felicidad era patente.

La desaparición de Tohru hizo que todas esas veces que no supo decir en voz alta lo mucho que la quería de pronto pesaran más. El silencio se volvió opresivo y la vida se le impuso tan rápido, que pronto tuvo que volver a hacerse cargo ella sola de todo, devolviéndola a sus tristes hábitos de siempre. Lo notable de toda esa secuencia es descubrir lo mucho que una ausencia transforma nuestras vidas.

Es por todo eso que ver a Kobayashi confrontar al padre de Tohru resulta ser tan significativo. No es sólo que su vida está en riesgo (que no es poca cosa), también es que por primera vez admitió abiertamente que su vida sin Tohru no será la misma. No se trató de garantizar el futuro ni de negar que habrá problemas, sino de admitir que todo ello se vuelve el eje central de la vida misma y algo a lo que no está dispuesta a renunciar. Naturalmente, esto va más allá de las palabras: Kobayashi se pone literalmente en la línea de fuego para demostrar el punto: la vida sin Tohru quizá no merezca ser llamada como tal.

Comentarios finales

Esta fue una de las mejores series de la temporada invernal. Su mensaje tiene la doble virtud de ser simple y efectivo: lo que hace que la vida valga la pena es el amor que puedas dedicar a la gente que te rodea. Semana a semana vimos a esta pandilla desigual y disparatada aprender a amarse en sus diferencias y a convivir en lo cotidiano. Aun teniendo el componente sobrenatural (y sus dos o tres momentos ecchi), lo que esta historia enfatizó es el valor del presente y la importancia de encontrar coincidencias en la diversidad. Estoy satisfecho.

Temporada de Primavera 2017

Esta temporada vienen varias segundas temporadas, entre ellas el muy esperado regreso de Shingeki no Kyojin. En este punto es difícil saber qué series resultarán sorprendentes o cuáles caerán en la irrelevancia de sus propios clichés, pero siempre es divertido ir descubriéndolo en el proceso. La temporada anterior, por ejemplo, vio el surgimiento de Kemono Friends; una serie de la que no se habló sino hasta ya avanzada la temporada y terminó por romper toda expectativa por su extraordinaria realización.

La temporada anterior hice esto cada semana. Fue una experiencia muy interesante y divertida, pero agotadora. Por esta razón, esta vez creo que lo haré con un poco más de espacio (todavía no decido si tres o cuatro capítulos será lo más adecuado). La idea sigue siendo la misma: ofrecer a ustedes una perspectiva de apreciación y análisis.

Attack on Titan -Segunda Temporada- (Capítulo 26)

Tuvieron que pasar casi cuatro años para que esta serie volviera con su segunda temporada y creo que no exagero cuando digo que es uno de los lanzamientos más esperados de la temporada. Muchos de los fans de esta saga se sumaron como lectores del manga original que, en Japón, se publica desde 2009. En México, Panini Comics se ha hecho cargo de su publicación oficial, que ya lleva más de diez volúmenes.

Así, creo que a pocos en este país sorprenderá los acontecimientos de cada nuevo capítulo. En ese sentido, la apuesta de Shingeki no Kyojin es una muy difícil: convencer a una audiencia a la que ya no sorprenderá con giros argumentales a menos que opte por seguir una ruta completamente diferente. Si no fuera ese el caso, la producción tendrá que echar mano de sus mejores ideas para que la adaptación sea exitosa.

He de reconocer que el primer episodio lo hace bastante bien. Por un lado, retomó el hilo dejado al final de la temporada anterior: el titán oculto en el interior del muro. Si ya era bastante grave que hubiese una batalla en el interior de la muralla, saber que ésta tiene al menos un titán viviendo en su interior no es un asunto menor, pues revela que esa libertad por la que la tropa de Reconocimiento ha luchado por tanto tiempo podría ser sólo un mito, una manipulación de sus gobernantes. La aparición súbita del padre Nick, que se negó a hablar aún bajo amenaza de muerte, es señal de lo mismo. Por su parte, Erwin lo tiene claro: no hay ningún misterio que resolver; se trata sólo de dilucidar quién sabía de antemano y por qué. Es decir, en el fondo Shingeki no Kyojin sigue los mismos patrones que algunas historias de zombis: la muerte acechante e indómita es terrible, pero no lo es menos que las maquinaciones del propio género humano.

En otro lugar, doce horas antes, un grupo de titanes rompió la barrera de la muralla Rose, por lo que la tropa se despliega para intentar contener el ataque. Mike Zacharius, uno de los soldados más talentosos de la tropa (sólo superado en habilidad por Levi), se separa del grupo para ayudarles a ganar tiempo. Tras derribar a algunos titanes, tiene un encuentro por demás inesperado: un titan cubierto de pelo que tiene la capacidad de hablar (y a quien, al parecer, otros titanes obedecen). Este encuentro es interesante desde varios puntos de vista. En primer lugar, esta aparición refuerza el hecho de que los titanes no son un accidente de la naturaleza, sino algo diseñado y con un propósito. En segundo, que el desarrollo de las armas para enfrentarlos y el conocimiento del punto débil de los titanes probablemente no era parte del plan (el Titán Bestia no sabía que existían y se llevó el equipo de Mike como curiosidad). Finalmente, que lo que da seguridad a los humanos de este universo es el conocimiento.

Escenas antes de este encuentro, Mike había dicho que uno sólo estaba derrotado hasta que dejaba de pelear. Para él, la esperanza residía en su conocimiento y habilidad; en que lo que sabía sobre los titanes y cómo combatirlos le daba a su especie una manera de sobrevivir. Pero si los titanes no son lo que él piensa, entonces, ¿de qué puede asirse?

Así, la muerte de Mike es brutal no sólo por el desmembramiento del que es objeto, sino porque también le roba toda esperanza y significado a su vida. Ponernos como audiencia en esa situación es una de las principales virtudes de esta historia. Una de la que, lamentablemente, tiende a abusar hasta volverla trivial.

Granblue Fantasy (Capítulos 1-2)

Basada en el videojuego del mismo nombre, esta historia no será extraña para los aficionados al género RPG. Habiendo jugado algunos yo mismo, no puedo negar que su planteamiento inicial me recordó mucho al de Final Fantasy VI: un Imperio tratando de expandirse experimenta con poderes que perduran desde el origen mismo del mundo. Lyria parece ser la clave de esta tecnología y, compadeciéndose de su suerte, la capitana Katalina orquesta una aparatosa fuga que las lleva a una pequeña isla. El parecido con la historia de Terra, protagonista de aquel otro juego, es indiscutible.

En la isla, Lyria es encontrada por Gran, un joven pueblerino que siempre ha soñado con convertirse en un Caballero y alcanzar la Isla Astral, donde espera reunirse con su padre. Sin embargo, Gran muere en su primer enfrentamiento tratando de proteger a Lyria, por lo que ella intenta unir su vida a la de él y así preservarlo. Después, la propia Lyria barre con sus perseguidores mediante la invocación de Bahamut: una bestia primigenia que, de acuerdo con las leyendas, sólo obedece a los dioses creadores.

El encuadre de esta historia de aventuras y viaje puede ser muy divertido para quienes gusten del género. El trabajo de diseño y animación es bastante sobresaliente, pero temo que la construcción de los personajes no llegue a ser tan detallada. En principio, salvo el hecho de que tan irresponsable es intentar manipular a Lyria como dejarla libre por el mundo, el resto de su conflicto no parece ser particularmente interesante. Le daré, al menos, un episodio más.

Alice & Zouroku (Capítulo 1)

No sé muy bien qué pensar de esta serie. En general, me atraen las historias cuyas premisas son inesperadas (a veces ridículas) o bien, que la combinación de sus personajes parezca dar como resultado una situación peculiar. Creo que Alice & Zouroku cae en esta segunda categoría: Sana es una chica que posee algún tipo de superpoder y escapó recién de un laboratorio farmacéutico que hacía experimentos con ella y con otras chicas que también poseen habilidades especiales. Zouroku es un… florista. Un gran florista, sin duda, pues incluso grandes cabezas yakuza le tienen respeto. Por lo demás, Zouroku es un hombre con una ética a la antigua: el respeto a los mayores, el trabajo y la responsabilidad por los propios actos parecen ser sus principales motores.

Desde el momento en que Zouroku y Sana se encuentran no hay paz para este hombre ya entrado en años: es parte de una persecución, arrestado por daños en propiedad pública (y luego liberado porque los daños desaparecieron mágicamente). Un hombre como él podrá tener tratos con los yakuza, pero eso no quiere decir que tenga ganas de involucrarse con cuestiones paranormales ni cree que Sana debería hacerlo. Pero no tiene opción: Sana es fugitiva y fue sometida en contra de su voluntad. Si eso fuera poco, parece haberle tomado confianza. Zouroku parece ser la clase de hombre que no puede dejar de ayudar a alguien que lo necesita.

Creo que esta serie podría caber muy adecuadamente en mis gustos. Espero ver una relación mutuamente gratificante entre estos personajes, que use las particularidades de su planteamiento para ofrecer puntos de interés. No será nada que no hayamos visto antes pero, como ocurrió con Plastic Memories (2015), se trata de abordar nuestros problemas de siempre, desde lugares distintos. Ojalá resulte.

Warau Salesman NEW (Capítulo 1)

Aunque lleva la palabra NEW en el título, esta es la primera vez que yo (y la mayoría de nosotros, seguramente), tenemos noticia de su existencia. Y es que, como ocurrió con Osomatsu-san, Warau Salesman (El Vendedor Risueño), tuvo su origen en un manga de antaño, publicado entre 1968 y 1971. Esta nueva versión, sin embargo, no es realmente la primera en salir a la luz desde entonces: tuvo un anime anterior, que se transmitió entre 1989 y 1992, dos novelas visuales poco después y un drama live-action hace casi veinte años.

Creo, sin embargo, que a esta serie le ocurrirá más o menos lo mismo que a Osomatsu-san: aun si en Japón adquiere popularidad, ésta no se verá reflejada del mismo modo en este lado del mundo. Creo que esto ocurre, en parte, por el tipo de experiencias (y referencias) a las que recurre.

En resumen, sigue los pasos de los clientes de Moguro Fukuzo, un misterioso vendedor que promete la felicidad a cambio de nada. El giro aquí consiste en que la felicidad es la cosa más efímera y su contraparte está siempre a la vuelta de la esquina. La serie parece que será compuesta por pequeños episodios relatando la historia de un cliente. En este caso, el primer cliente es un joven oficinista solitario y mediocre a quien invitan a pasar su hora de lunch en un bar, rodeado de chicas atractivas. Una vida que, desde luego, no puede permitirse con su salario. La segunda historia trata de una mujer que alivia su estrés haciendo compras irresponsables. En ambos casos, Moguro ayuda a sus clientes a pasarlo mejor, pero, como es de esperarse, el goce sólo dura un breve instante. Subraya, en esencia, que tener un poco de esperanza y obviar la realidad en su favor es simplemente contraproducente.

Aunque confieso que tiene un planteamiento y estética interesantes, no estoy seguro de que esta serie funcione mucho más allá de lo que ya lo hizo el primer episodio. Pero será cuestión de darle la oportunidad.

Tsuki ga Kirei (Capítulo 1)

Esta serie tiene todo el potencial para ser una de mis favoritas de la temporada. Nada me seduce más que historias que destaquen la belleza de lo cotidiano y el azar de los encuentros.

La historia se enfoca en Akane Mizuno y Koutaro Azumi, estudiantes en su último año de secundaria. Él es un muchacho tímido, aficionado a la lectura y proclive a citar a Osamu Dazai (nota mental: leer algo de Osamu Dazai). Ella, por su parte, es una chica nerviosa, miembro del club de atletismo, que constantemente busca relajarse apachurrando un muñequito antiestrés. Como suele ocurrir en el mundo, estos dos chicos parecen estar interesados uno en el otro, pero cruzar las barreras que los separan no es algo que puedan llevar a cabo con facilidad.

Las cosas, sin embargo, ocurren. Encuentros inesperados (e incómodos) están a la vuelta de la esquina y será cuestión de ver cómo las cosas se desenvuelven y que conflictos surgen como resultado de la cercanía que está por ocurrir.

Estéticamente, esta serie también tiene muchos puntos positivos. Renuncia un tanto a la estética moé en favor de colores más suaves y constantes énfasis en el escenario, como si quisieran destacar que lo que está ocurriendo es sólo una pequeña parte de un universo más grande. En esa perspectiva, lo trivial adquiere mayor importancia y se vuelve un aliciente para prestar atención a detalles que van más allá de las palabras.

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Psicólogo, psicoanalista y especialista en temas sobre Japón, su cultura y su sociedad. Entusiasta de las historias y sus lenguajes.

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