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Reseña: “Beautiful Bones” un ensayo sobre la muerte

Por razones que no vienen a cuento, esta temporada tuve poca oportunidad de seguir series nuevas. Sakurako-san no Ashimoto ni wa Shitai ga Umatteiru atrajo mi atención por una razón muy simple: siempre me han gustado las historias de detectives. En ese sentido soy impresionable como un niño. Me fascina la manera en que los misterios se develan y disfruto mucho la sensación de satisfacción que aparece cuando todas las piezas encajan, como a quien le es revelado un truco de magia. Esta serie, cuyo título también se ha traducido como Beautiful Bones, me tomó por sorpresa de varias maneras.

Sakurako es una bella y joven osteóloga cuya pasión por los huesos raya en lo morboso. Sin embargo, gracias en parte a la laboriosa intervención de Shoutarou Tatewaki, su asistente, su extraordinario talento sirve también para esclarecer algunas muertes misteriosas que ocurren en la habitualmente tranquila ciudad que habita. No obstante, la historia de Sakurako y Shoutarou no es sólo una serie de detectives contada al estilo mistery of the week; es también un ensayo episódico sobre la muerte y sus vicisitudes.

Hablar de la muerte no es cosa menor: es la raíz de todas las religiones y el fondo de toda cultura. Los huesos son todo lo que queda de aquello que alguna vez vivió. Son, por ello, el símbolo de la muerte. A través de ellos, Sakurako se asoma a ese abismo inconmensurable y lo dota de nueva vida reconstruyendo sus posturas y, a veces, sus historias. Pero, como dice el famoso aforismo de Nietzsche, el abismo también devuelve las miradas. Aquel que decide combatir con monstruos debe tener cuidado de no tornarse uno.

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La primera impresión que Sakurako deja es la de una mujer brillante, pero insensible. Atenta únicamente a su obsesión, la vista del conjunto de huesos que otrora constituyeron la estructura de un ser viviente parece lo único capaz de animarla. No atiende a los sentimientos de los demás y, sin embargo, parece ser quien mejor los comprende. Quizá porque ella misma es un ser vivo atravesado por la muerte. Quizá porque ella misma está atada a una tumba. Quizá porque se atreve a mirar a través de las cuencas de un cráneo, como quien mira a los ojos, al alma que se esconde detrás de la ventana.

En tanto que es la consecuencia ineludible de vivir, la muerte refleja su relación íntima con la vida. Los casos que Sakurako y Shoutarou resuelven ilustran ilustrar distintas aproximaciones a esa relación. Una madre que ofrenda su vida para preservar la de sus hijos. Un hombre que cree que su vida ha acabado. Una mujer que muere buscando renovar sus razones para vivir. Otra que no podrá descansar en paz hasta no pedir perdón a aquel que mató en defensa propia. Una más, a quien la sociedad de su tiempo privó del amor de un hijo y costó la felicidad de su hermano y su mejor amiga.

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La relación entre la vida y la muerte es íntima como la de los huesos y la carne. En los huesos queda toda la evidencia de las vicisitudes de la vida, cuando todo lo demás ha sido devuelto a la tierra. Restaurar su estructura es, para Sakurako, un homenaje a la misma vida pues en sus marcas se adivina la aventura y el dolor. Su pasión por lo muerto es, en realidad, un profundo amor por lo que vive. Huesos accidentados, astillados, rotos y vueltos a unir, todo ello es prueba de que se ha gozado y sufrido, de que se ha llorado y reído; de que se ha vivido. La vida, como Sakurako la entiende, consiste simplemente en su transcurrir. Para el vivo el tiempo es como un río incesante que fluye, modelando su camino y horadando las piedras a su paso.

Estar vivo implica que el tiempo sigue fluyendo y que, por lo tanto, uno debe seguir cambiando, adaptándose, experimentando. Si el tiempo se detiene, la vida también. Sakurako es mordaz e insensible con los vivos precisamente porque están vivos. Sólo los vivos son capaces de cambiar, de seguir dando sentido a su existencia y dejar sus huellas en sus huesos. La muerte en vida, el tiempo detenido son inadmisibles. Para ella, la única muerte aceptable es la que termina en huesos. Sin embargo, la propia Sakurako parece sujeta a un cadáver. Hay un cadáver a sus pies, uno del que poco sabemos, pero que parece mantenerla encerrada en sí misma.

Los doce capítulos que conforman esta serie no son sino una introducción al que parece ser el verdadero objetivo: el inminente enfrentamiento entre Sakurako y el coleccionista de esfenoides. Para llegar a ese punto, era necesario no sólo presentar a Sakurako detalladamente: sólo entendiendo su postura ante la vida y la manera en que se relaciona con Shoutarou puede apreciarse plenamente la magnitud de su batalla y la oscuridad del abismo al que se lanzará. En ese sentido, la serie cumple a la perfección. Espero que no quede sólo en ello.

Beautiful Bones es el primer trabajo como director de Makoto Katou por el estudio Troyca y es una adaptación de la serie de novelas escritas por Shiori Outa, que se publican desde 2013.

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Psicólogo, psicoanalista y especialista en temas sobre Japón, su cultura y su sociedad. Entusiasta de las historias y sus lenguajes.
Un comentario
  • Sindy
    5 Enero 2016 at 10:32 PM
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    Me gustan mucho sus reseñas, toman con seriedad los argumentos y los recursos del anime y el manga. Los leo porque hacen análisis de símbolos y señalamientos sociológicos 🙂

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