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Reseña final: Hunter X Hunter (2011)

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Debes disfrutar los pequeños desvíos. Al máximo.

Porque ahí es donde encontrarás las cosas que son más importantes que lo que deseas.

– Ging Freecs

Creí que sería más difícil decirle adiós, pero no: el final me dejó muy satisfecho. Desde que me la recomendaron aprendí poco a poco a tenerle cariño y a recibir de ella cosas que no imaginaba. Hunter X Hunter es un anime de aventuras, como hay muchos, pero algo lo hacía especial, único. Algo que movía, que inquietaba.

En torno a esta serie, probablemente la pregunta más difícil que uno puede escuchar es ¿qué es un Cazador? Es verdad que la serie trata de eso, que casi todos los personajes que conocemos son Cazadores, pero es muy difícil decir con seguridad qué es exactamente lo que hacen. Unos, por ejemplo, buscan los ingredientes más asombrosos para preparar nuevos platillos. Otros, buscan respuestas en los restos que dejan los animales más fantásticos. Algunos buscan venganza. Ser Cazador es más que poseer una licencia, es la voluntad de ir por la vida buscando algo.

Esa idea se había ido asentando a lo largo de la serie, pero quedó clara hasta el último capítulo. Gon, nuestro protagonista, había salido de su pequeña isla para cazar a su padre, Ging, que lo dejó al cuidado de una tía para seguir la vida del Cazador. Sin resentimiento, Gon decidió hacer eso mismo, sólo para ver qué era aquello tan maravilloso que podía hacer que un padre dejara atrás a su hijo. No le pasó por la mente lo que a todos los demás sí: que su padre era simplemente un egoísta. Él creía que había algo más.

Así, Gon emprendió el camino que no sólo lo llevaría a encontrarse con Ging, sino a vivir toda clase de experiencias: conocer amigos y enemigos, desafiar sus límites; ser derrotado, roto y vuelto a poner en pie. Todo eso suena muy simple, cotidiano y hasta redundante. Después de todo, ¿qué anime no tiene un poquito de todo eso?

Pero créanme: Hunter X Hunter es algo especial. Ya he hablado de esta serie en un par de ocasiones anteriores: de cómo me conmovió la vida y muerte de Komugi y Meruem, el Rey de las Hormigas Quimera, y de cómo Gon se lanzó al abismo cegado por el deseo de venganza. Un par de momentos intensos, como hubo otros, que reflejan la magnitud de la historia que nos contaban. Pero hay un elemento clave, del que me gustaría hablar un poco, porque quizá determine lo que hace a Hunter X Hunter verdaderamente especial: el concepto de Nen.

Nen es la energía vital que, en teoría, todos tenemos. Fluye libremente, en armonía, cuando estamos bien. Escapa de nosotros cuando estamos mal. Para ser un verdadero Cazador, uno debe ser consciente de su Nen, conocerlo y aprender a controlarlo. No es tan simple como el ki en Dragon Ball o el cosmos en Saint Seiya: no es una cuestión de voluntad o de cantidad; es el producto refinado de un alma en constante proceso de forja, de autoconocimiento.

De manera natural, el Nen de cada uno puede manifestarse según su propio temperamento natural y su experiencia de vida. Hay seis clases generales: Potenciador, Emisor, Transmutador, Manipulador, Conjurador y Especialista. El Potenciador es capaz de usar su Nen para incrementar drásticamente la capacidad de las cosas. El Emisor tiene la facultad de proyectar su Nen hacia el exterior. El Transmutador, de alterar la naturaleza de su energía vital. El Manipulador, de usarla para ejercer influencia sobre otros seres y el Conjurador, de invocar con su Nen cosas que no existen. Si pensamos en estas aptitudes como aspectos de la personalidad, se tornan especialmente interesantes: hay quienes, cuando ponen su mayor pasión en algo, son capaces de hacer eso mismo: potenciar, emitir, alterar, manipular, crear. Pero la condición para que eso suceda, es mucho más difícil de lo que parece: es importante conocerse bien y trabajar para desarrollarse. Sólo así uno podría pensar en usar su Nen para emprender su cacería.

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Los Especialistas son un caso aparte, pero en mi opinión, son producto de las experiencias y condiciones más singulares. Por ejemplo, Komugi, a quien le guardo un enorme cariño, era una Especialista que sólo sabía jugar al Gungi, porque sólo eso daba sentido a su vida. Estaba privada, entre otras cosas, de la vista. Cosas que a los demás nos parecen naturales y las damos por sentado. Sin embargo, fue gracias a esa Especialización que conoció a Meruem, a quien logró conmover. Meruem vio en ella lo que otros pasaron por alto. La Especialización no es sólo, quizá, una especie de genialidad: es también una forma particular de devoción a una sola causa.

Volviendo a Gon, un Potenciador, se hizo a sí mismo el objeto de su energía. Creció mucho, pero siguió siendo el mismo. Siguió confiando en que la vida de Cazador era para él tanto como lo era para Ging. Y Ging, el bribón que se desentendió de su hijo, puso al final la cosas en perspectiva: siendo uno de los arqueólogos (y Cazador) más importantes del mundo, descubrió que para llegar a conocerlo todo, había que empezar desde las profundidades de las cuevas y las tumbas y desde ahí, buscar lo que está más allá. En sus palabras: lo que no está delante de los ojos. Como en el Nen, el camino de la trascendencia comienza en la oscuridad y lo más importante no es llegar, sino ir. Así que ser un Cazador no es una meta sino un camino, una vocación, que lo mismo lleva a la gloria que a los recovecos más turbios de uno mismo. Porque para ser Cazador la licencia sobra: se es siendo.

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Si aún no ves Hunter X Hunter, puedes disfrutarla en Crunchyroll.

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Psicólogo, psicoanalista y especialista en temas sobre Japón, su cultura y su sociedad. Entusiasta de las historias y sus lenguajes.

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