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#Reseña Temporada de Invierno 2017 – Semana 11

Esta semana termina Masamune-kun’s Revenge. Tuvo sus momentos, pero, en general, fue una pérdida de tiempo. Creo que ya puedo decir con certeza que mis grandes favoritas fueron Demi-chan wa Kataritai, Kobayashi-san chi no Maid Dragon y ACCA 13-ku Kansatsu-ka. Guardaré mis comentarios finales para la semana que aún nos queda y, por ahora, revisemos las cosas que ocurrieron en estos casi-últimos episodios.

Fuuka (Capítulo 11)

Al final, como anticipaba, las cosas entre Yuu y Koyuki no funcionaron. Era previsible, pero no por eso puedo ignorar el hecho de que el planteamiento de esta situación estuvo muy mal contado. Acercándonos al final, la serie parece llevar demasiada prisa y se salta pasos fundamentales para hacer a sus personajes creíbles y permitirnos empatizar con ellos.

Por ejemplo, en este capítulo Koyuki reconoció que siempre supo que Yuu realmente no le correspondía. Eso fue construido a través de las imágenes: su expresión cuando se despedía de él, su insistencia en penetrar en su vida mediante llamadas y visitas inesperadas… era comprensible en tanto que había sido un amor guardado en secreto por demasiado tiempo, pero luego se pone al servicio de sus temores por los sentimientos de Fuuka.

Koyuki y Fuuka no han tenido muchas interacciones directas. La más significativa fue la escena del onsen, en la que Fuuka le contó que nunca se había enamorado de nadie. Si la propia Fuuka no había hecho consciente lo que sentía por Yuu, ¿cómo pudo haberlo adivinado Koyuki? Para que esto funcione, la serie atribuye a Koyuki una sensibilidad que no se había visto antes.

Por otro lado, no tengo mucho que decir sobre el intento de Yuu por reconstruir The Fallen Moon. Lo sorprendente es que haya funcionado con todos los demás, teniendo en cuenta que ya estaban empezando a construir proyectos por su cuenta. De hecho, esto lo hace todavía menos creíble: Makoto había vuelto a casa (con las dificultades que eso ya implicaba), Sara ya había encontrado una nueva banda y Nachi estaba considerando volver al atletismo y buscar una beca universitaria. Dejar todo eso por un sueño descarriado que ya fracasó es, creo, difícil de aceptar como una conclusión en estos términos. Insisto: falta mucha construcción en los personajes como para que esto no se sienta forzado.

 Interviews with Monster Girls (Capítulo 11)

No fue lo que esperaba, pero no estuvo del todo mal. De alguna manera me había hecho a la idea de que el golpe a Takahashi vendría de cuestionamientos a su ética como docente y como investigador, así que ver cómo el tema se convirtió en uno pedagógico me decepcionó en principio.

Sin embargo, puedo decir abiertamente que no fue tiempo perdido. La serie sigue haciendo trampa para funcionar; por ejemplo, que el director reprendiera a Takahashi teniendo a Satake como testigo es poco creíble en una sociedad como la japonesa, tan cuidadosa de las apariencias, pero eso dio pie a que Satake ayudara a Hikari a descubrir la causa de las tribulaciones de su profesor y así pudiera actuar al respecto. Pero, por otra parte, vale la pena pensar en el papel que tiene la conversación de Satake y sus compañeros, que reconocen en Takahashi a la única persona que se ha interesado realmente en conocer a las demi y, por lo tanto, en el único a quien ellas tienen confianza. Así, es obvio que si lo que se quiere es conocerlas se debe ir a donde están, reconocerlas como semejantes y perder el miedo. La confianza mutua es un espacio común en el que lastimar y ser lastimado es uno de los muchos riesgos que se corren, pero también es el vínculo más satisfactorio que puede haber. Satake admira a Takahashi por haberlo logrado con las demi y, siguiendo su ejemplo, él y sus compañeros dan el paso al frente. Con ello se disolvió la preocupación del director: las demi no estarán más aisladas y sujetas únicamente a la buena voluntad de Takahashi.

Por otro lado, fue conmovedor ver a las demi tratando de reconocer explícitamente la confianza de Takahashi. Si soy completamente franco, lo envidié. Tener tal influencia benévola en las personas que a uno lo rodea debe ser, también, enormemente satisfactorio.

Idol Incidents (Capítulo 11)

Supongo que, ahora sí, esta serie ya dio todo lo que estaba en sus manos para ofrecer. Con el resultado adverso en el referéndum sobre las idols-congresistas, no es de sorprender que el desánimo haya invadido a todas las chicas, Natsuki incluida. Al verla tan triste, la abuela le recordó la hazaña de la primer idol-congresista que llegó a ser Primera Ministra y cómo, en aquel momento, había asegurado que todo lo había hecho sólo buscando lograr una sonrisa.

Con nuevos ánimos, Natsuki emprendió un breve viaje a todos los lugares en los que antes intervino, para constatar que los problemas que el Primer Ministro Sakuraba mostró para convencer a todos de la inutilidad de las idols-congresistas, estaban resolviéndose con el trabajo conjunto de sus respectivas comunidades.

Alegrada por este resultado, Natsuki volvió en busca de la única sonrisa que de verdad le importa: la de Shizuka. Su compañera, a su vez, pasó por un proceso personal en el que reconoció que Natsuki le había dado suficientes ánimos para enfrentar su pasado y también para afirmarse ante el futuro. Reconoció, en suma, que Natsuki era su verdadera compañera y que todo lo que se propusiera lo lograría con ella. Con este planteamiento, no es difícil prever que nos espera un final feliz.

A mí, no obstante, me deja insatisfecho. Creo que la premisa de la que partió daba para más y estoy especialmente disgustado con el hecho de que la solución de la serie dependa tanto de que los problemas se resuelvan solos. Lo ideal sería siempre que las propias comunidades decidan y resuelvan sus problemas como mejor convenga a sus estilos de vida, pero en la realidad las cosas nunca son tan sencillas. No queda, creo, sino darle la razón al Primer Ministro: las chicas idols realmente no son necesarias.

Él y su partido, por otro lado, tampoco. En toda la serie no se ha visto de ellos nada más que su papel como antagonistas de las idols. Es una insuficiencia más aceptable (desde el punto de vista narrativo, al menos), pero abre la posibilidad de muchas críticas, si este fuera un proceso realista. Eso es algo que me habría gustado ver.

 ACCA 13 District Inspection Dept. (Capítulo 11)

Tengo algunos sentimientos encontrados con este episodio. De entre las cosas que me parecieron interesantes está la representación del distrito de Furawau. Es difícil no relacionarlo con los grandes capitales del mundo árabe: su arquitectura, riqueza y lujo son referentes visuales muy claros. Todavía más interesante es la observación de Jean de que las sonrisas que hay en todos los rostros parecen forzadas, muy distintas a las vistas en Pranetta, un distrito con muchas más dificultades económicas. Quizá sea una crítica directa al capitalismo y la acumulación.

Por otro lado, las intenciones de Lilium y su clan se volvieron mucho más transparentes con la visita de Jean. Los Lilium tienen muchas razones para apoyar a Jean: creen que será un monarca manipulable, que les permitirá ampliar aún más su dominio económico sobre otras provincias. En su visión, el hecho de que Jean haya recibido los trece cigarros (como símbolo de apoyo popular) importa poco frente al apoyo económico que los Lilium representarían. En todo caso, la democracia es sólo un activo más.

También fue claro que, si bien todos en ACCA están al tanto del golpe de estado, no hay acuerdos unánimes. Esto no es de extrañar; desde el principio se nos ha insistido en que ACCA es una organización heterogénea y diversa, pero tampoco debemos olvidar que su poder e influencia a lo largo de los trece distritos corre por venas muy profundas. Las Cinco Cabezas son sólo unos pocos ejemplos: cada uno, como individuos, es pieza clave en su respectivo distrito. Cabe suponer que lo mismo ocurre en ramas menores.

Finalmente, el retorno de Nino. Era de suponerse que nunca había dejado de vigilar a Jean. No sólo es su trabajo, es su herencia. La lealtad de Nino es una que le ha sido heredada y lo conecta con toda su vida: con su padre y con su único verdadero amigo. Si Jean cree que Nino se puso entre él y sus agresores por un sentido de lealtad exacerbado, se equivoca: Nino lo hizo porque lo quiere. La escena entre ellos es la que me hace sentir inquieto: la frialdad de Jean esconde su preocupación genuina. Verlo vencido por primera vez en su vida debió ser fuerte para él y, sin embargo, nunca lo demostró abiertamente. Sólo una cosa cambió: por primera vez dijo estar de acuerdo con participar en el golpe. Para mí, no lo hizo por él ni por el país; lo hizo por Nino.

 Miss Kobayashi’s Dragon Maid (Capítulo 11)

La verdad es que no quiero que esta serie termine. Es fácil acostumbrarse a convivir semana a semana con esta pandilla que siempre encuentra la manera de hacer de la cotidianeidad una experiencia grata.

Esta ocasión, Kobayashi tuvo unos pocos días de descanso con motivo del Año Nuevo. En Japón, la mayoría de la gente no trabaja los primeros tres días del año, de manera que muchos aprovechan para visitar a sus familias en las provincias. No es el caso de Kobayashi, que aprovecha los días para descansar de su trabajo en casa. Hasta ahora lo había hecho sola, pero este año la compañía de Tohru y Kanna lo cambió todo, a más de un nivel.

Un detalle notable de esto radica en las tarjetas de felicitación. Es una costumbre japonesa enviar tarjetas con buenos deseos a los amigos y conocidos y muchos esperan con alegría y anticipación la llegada del correo. Kobayashi no tiene costumbre de hacerlo, pero este año Tohru le consiguió unas tarjetas y Kobayashi las aprovechó para escribir a sus padres. Es un detalle muy significativo: la felicidad doméstica de Kobayashi salpica también a su familia en la provincia y, así sea sólo un poquito, los acerca. De ahí que Kobayashi preguntara a Tohru por su respectiva familia, de quien está enajenada por lo menos desde que viven juntas. Esta es la señal que esperábamos, supongo, pronto sabremos por qué Tohru llegó con Kobayashi y se refugió con ella.

¿Puedo decir una cosa superficial? Independientemente de su revelador kimono, su peinado favoreció mucho a Lucoa. Lo celebro.

 Masamune-kun’s Revenge (Capítulo Final)

Esta serie terminó con un episodio muy decepcionante. No es que esperara mucho de ella, la verdad. La serie fue inconsistente con sus planteamientos y sus giros argumentales fueron demasiado predecibles. Los aspectos ‘misteriosos’ de la historia; es decir, el pasado entre Aki y Masamune, el origen del apodo de ‘Cerdito’ y la verdadera identidad de Gasou Kanetsugu quedarán para una segunda temporada que, sin embargo, yo ya no tendré intenciones de seguir.

Y es que la solución al dilema de la semana pasada fue tan simplona como aburrida. Aki, decidida a no depender más de los hombres, convence a su clase de representar Blanca Nieves sin príncipe. Masamune, sin embargo, toma la oportunidad para resarcir el daño causado por Yoshino tomando el lugar de Gasou (sacrificando a su propio grupo en el proceso). Cosa que, por cierto, a nadie parece haber molestado. Todo su heroísmo consistió en salvar la representación de Aki mientras él tenía fiebre, cosa que no le impidió robarle un beso.

El día terminó con un concurso de karaoke, cuyo punto más alto fue presenciar un dueto entre Neko y Aki. No fue una escena particularmente divertida ni tuvo ningún propósito real. Casi se sintió como un pretexto para llenar el tiempo sobrante.

Pero los defectos de este episodio final no hacen más que concentrar las insuficiencias de la serie en general: personajes deficientes en situaciones intrascendentes y todo ello armado en la estructura de su problemática premisa.

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Psicólogo, psicoanalista y especialista en temas sobre Japón, su cultura y su sociedad. Entusiasta de las historias y sus lenguajes.

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