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#Reseña Temporada de Invierno 2017 – Semana 4

Ya es la cuarta semana de esta temporada y tuvimos grandes momentos en Interviews with Monster Girls, ACCA y Miss Kobayashi’s Dragon Maid. Incluso Fuuka se mantuvo más o menos a la altura de las expectativas. Aquí está, el resumen (y comentarios) de la semana:

Masamune-kun’s Revenge (Capítulo 4)

La estupidísima revancha de Masamune sigue su curso. Esta semana, Masamune insiste en imitar los diálogos de cierto manga shoujo para tratar de ganar el corazón de Aki logrando, en realidad, todo lo contrario: hacerla sentir incómoda. Masamune es tan zonzo (bueno, ¿quién no lo es a esa edad?), que es incapaz de darse cuenta que ella ya no lo siente como una amenaza y que incluso está dispuesta a cierto diálogo y negociación con él. Ese cambio en su disposición tiene mucho menos que ver con sus avances calculados y más con los momentos en los que Masamune es, de hecho, una buena persona.

Por imbécil, claramente.

Por eso Aki resintió tanto descubrir el acuerdo secreto entre Yoshino y Masamune, pues demostraba lo que en el fondo siempre había temido: que Masamune fuese como todos los demás. Por más que en la superficie lo niegue, Aki sí es capaz de reconocer que está interesada en él. Sólo bastó que Yoshino le diera nombre a lo que ella sentía para que pudiera admitirlo, aun si sólo lo hiciera en su fuero interno.

Me gusta de ella lo consciente que es de sí misma. Me gusta que se dé cuenta de que la manera en que trata a los hombres es una defensa contra ellos, que sepa que lo que está evadiendo es ser lastimada una vez más. No me gusta porque desee verla de esa manera, sino porque creo que, al reconocerlo, está en el camino correcto para ir remediando sus propias heridas y permitirse amar. Ojalá Masamune fuera tan honesto.

 Fuuka (Capítulo 5)

Esta fue una semana especialmente productiva para los personajes de esta serie. Finalmente pusieron manos a la obra y comenzaron las prácticas para formar la banda. Sin embargo, no todo fue miel sobre hojuelas; Nachi-senpai mostró que sus habilidades con la batería estaban algo oxidadas y Mikasa tampoco logró acostumbrarse del todo al teclado.

La banda se completó con una integrante inesperada: la guitarrista Sara Iwami, hermana menor del guitarrista de HEDGEHOGS (y actual benefactor de la nueva banda) se unió a ellos tras ser despedida intempestivamente de su anterior proyecto. Fuuka la invitó sin pensarlo dos veces, pese a su carácter aparentemente violento y sus malos modos.

Pero las apariencias engañan. Sara resultó ser una chica bastante amigable, pero terriblemente mala para comunicarse. Una (no muy) asombrosa coincidencia nos reveló que Sara y Yuu ya se conocían, pero sólo a través de Twitter. Reconocerse en persona suavizó mucho su comunicación y la integración de Sara con los demás.

De entre los puntos realmente positivos de este episodio está el desarrollo de los personajes como un conjunto: Mikasa y Nachi reconciliándose con la música, Yuu descubriendo que sí puede hacer cosas nuevas y Fuuka llevándolos a todos a ir siempre un poco más allá. Lo malo (en tanto que puede ser un enorme distractor de uno de los puntos más fuertes de esta serie, que es la música), es el paulatino avance de las chicas para conformar un harem en torno a Yuu. Creo que sus personajes tienen mayor potencial en otros caminos.

 Minami Kamakura HSGCC (Capítulo 4)

En este capítulo, el recién nacido Club de Ciclismo se enfrenta a sus primeros retos: conseguir un profesor que las supervise y conservar a Natsuki como miembro del club. Lo primero no fue difícil: la profesora Shiki Mori, también de recién ingreso a la preparatoria, se prestó sin oponer mayor resistencia, tras haber sido invitada a un festín de comida de Okinawa (así hasta yo, la verdad).

Sin embargo, el Club de Natación no estaba dispuesto a dejar ir a Natsuki sin dar pelea y, para ello, organizaron una competencia entre Hiromi y una de las senpai de Natación que consistió en subir una colina montando en bicicleta.

Para mi gusto, esta aventura no tuvo realmente ningún sentido. Por un lado, el Club de Natación no tenía ningún derecho de obligar a Natsuki a unírseles y, por esa misma razón, ellas nunca debieron haber aceptado competencia alguna. Por el otro, la competencia en sí resultó ser sólo un pretexto: lo que la senpai quería era demostrar (¿?) que el Club de Natación no dejaba ir nada sólo porque sí. Lo único positivo que resultó de esta experiencia fue que Hiromi probara un tipo de bicicleta con el que no estaba familiarizada y que se nos explicara la importancia de la altura del asiento en el desempeño. No obstante, la vocación educativa de esta secuencia realmente no fue suficiente para justificarla.

 Interviews with Monster Girls (Capítulo 4)

No tengo sino elogios para el capítulo de esta semana. Creo que se trató de la más potente declaración de principios que ha hecho hasta ahora, y todo mediante el método simple de exponer las intenciones y perspectivas del profesor Takahashi lo más claramente posible. No es que lo ignoráramos, pero hasta este momento no habíamos tenido oportunidad de que se nos proveyera una exposición tan clara. Pero vamos por partes:

El episodio comenzó donde lo dejaron la semana pasada: Kusakabe, la niña de las nieves, encogida en un pasillo, sollozando. Acababa de escuchar a otras compañeras hablando mal de ella y, siendo más de lo que podía soportar, buscó refugio en la oficina del profesor Takahashi. Pero no sólo él se dio cuenta de lo que pasaba; Hikari adivinó rápidamente lo que pasaba con su amiga y tomó cartas en el asunto. Confrontó a las chicas no sólo en representación de su amiga o de los demi, sino alzando la voz por todos aquellos que son sojuzgados por el delito de ser un poco distintos. Con ello logró avergonzar a las chismosas, establecer su punto e incluso empoderar a Kusakabe, que también se armó de valor y les hizo frente a su manera. Después de todo, como bien observó el profesor Takahashi, los chismes son un asunto común entre los estudiantes en general, pero no por eso es una cosa trivial.

Quizá sea por mi propia profesión, pero me gusta mucho que el profesor Takahashi adopte la discusión como una contramedida para las dificultades que enfrentan. Cuando decidió reunirlas para crear el lazo de confianza entre ellas, él y la profesora Satou, apeló a lo que tenían en común, pero sin olvidar que aun entre sí mismas, las diferencias abundan. Es una lógica interesante porque, si lo pensamos bien, lo mismo aplica a la humanidad en conjunto: por más distintos que seamos, en el fondo seguimos teniendo cosas en común.

La unión no siempre es la fuerza, sin embargo. Aunque el mensaje de la serie es prometedor, conviene recordar que esta alianza entre demi ocurre, al menos en parte, porque necesitan hacer un frente común ante el enemigo invisible de la discriminación y el profesor Takahashi está justo a la mitad. ¿Por qué? Hay varias razones: él no es un demi, sino un académico interesado en ellos. En mi profesión pasa lo mismo: quienes nos consultan se vuelven, por así decir, nuestros ‘objetos de estudio’ y corremos el riesgo de dejar de ver aspectos individuales que son más que ‘su problema’.

La suspicacia de Himari está, pues, bien justificada. Ella teme que el profesor Takahashi vea a Hikari sólo como una curiosidad de laboratorio y sea incapaz de percibir que ella no sólo es una estudiante, una chica o una vampira, sino que es Hikari: una persona. Creo, sin embargo, que el profesor Takahashi lo tiene claro cuando dice: “Tus cualidades natas no determinan lo que eres, sino cómo vives con ellas. Las preocupaciones únicas de los demis las causan su propia naturaleza. Si sólo ves sus rasgos de demi, no verás su individualidad. Si sólo ves su lado humano, no entenderás sus problemas.” Creo, no obstante, que pocos lo entenderán así.

 Idol Incidents (Capítulo 4)

Pese a que realmente no es tan interesante, voy a permitirme hacer una elaboración en torno a la primera escena de este episodio. Tenemos por un lado a Katsurayama, un miembro del Partido Rougai, criticando a un grupo de congresistas idol por no adecuar su aspecto a las formas que se esperarían de un miembro del parlamento. Agrega que el hecho mismo de ignorar que existen tales formalidades es muestra de su frivolidad; implicando que eso las descalifica como representantes del pueblo en el parlamento. Ellas le responden haciéndose eco de lo ‘cool’ que son las diferencias entre unos y otros, desechando así los argumentos de Katsurayama y ridiculizándolo. Más tarde nos enteramos que Katsurayama es heredero de un personaje importante y que esa, de alguna manera, es la fuente real de su poder.

¿Qué implicaciones tiene esta escena? Por un lado, la cuestión de las formalidades. La política tiene sus rituales y sus ceremonias. Para muchos, esto es la esencia misma de la política: los códigos secretos que rigen el ejercicio del poder y distinguen con claridad a quienes lo tienen de quienes no. En las raras ocasiones en que alguien que no ‘pertenece’ a esos círculos logra insertarse de alguna manera en ellos se vuelve un elemento necesariamente incómodo e ininteligible; independientemente de su capacidad o intención al ejercer el poder. Pensemos, por poner ejemplos, en Donald Trump, Cuauhtémoc Blanco o Carmen Salinas. Todos ellos provienen de lugares distintos a los de la política, pero alcanzaron sus respectivas posiciones precisamente por su capacidad de ostentar poder aun sin formar parte del sistema propiamente dicho. Esa es la razón por la que empecé a ver esta serie: creí que podía aprovechar su extravagante premisa para ensayar esta idea.

Lo cierto es que, salvo por la escena inicial, este capítulo no fue el caso. En vez de eso, dedicó sus mejores esfuerzos a hacernos olvidar por un momento que las congresistas idol son miembros del parlamento, para simplemente someterlas a un concurso de popularidad en traje de baño. No obstante, Katsurayama (que como congresista también parece ser un absoluto impresentable), decide tomar venganza por la humillación sufrida enviando a su secretario principal a sabotear el concurso. Mediante el cuestionable método de endurecer las pruebas y colocar a las chicas en situaciones incómodas, Katsurayama y su gente no lograron restar ni un ápice de la popularidad de los diversos partidos idol, lo que demuestra, una vez más, que el poder que ellas ostentan no es algo para tomarse a la ligera.

No negaré que este episodio me pareció terriblemente soso, pero aún tengo fe en que siga proveyéndome de algunos elementos dignos de hacer notar.

ACCA 13 Territory Inspection Dept. (Capítulo 4)

Esta semana, Jean es enviado al distrito de Suitsu, que, en aras de preservar sus tradiciones, se mantiene ajeno al acceso de nuevas tecnologías y costumbres. Como es de esperarse, Jean, con su celular y sus cigarros, llama muchísimo la atención. Sin embargo, pese a estar sometido a vigilancia constante, Jean es capturado por un grupo de individuos asociados con una conspiración para derrocar al gobierno local y modernizar al distrito, cuya permanencia forzada en algo semejante al siglo XIX, pero no por decisión popular, sino por interés de la nobleza. Biscuit, que es uno de los funcionarios locales de ACCA es quien dirige la rebelión. Warbler, el enviado del departamento de inspección, también.

Una vez que el episodio sienta estas bases, ocurre algo inesperado: el gobierno distrital descubre e incendia uno de los escondites de los rebeldes, ocasionando que la gente salga a las calles a intentar hacerse con el control de las oficinas centrales. En medio de la confusión, Jean se separa de Warbler y, estando a punto de ser molido a palos por ciudadanos enojados, es rescatado por un desconocido que, por su voz, podemos suponer que se trata de Nino. Es un detalle que incita en mí algunas dudas: ¿fue Nino quien informó al gobierno sobre los escondites? ¿Está detrás del golpe de Estado? ¿Cuál es su verdadero papel? La serie sigue siendo efectiva en motivarnos a plantear preguntas y seguirle los pasos para encontrar respuestas.

Otro aspecto notable tiene que ver con las decisiones de Jean. Al ser un inspector de ACCA, estaría obligado a reportar los disturbios de Suitsu en la capital, pero es convencido por el gobierno distrital de no hacerlo. Jean acepta, a cambio de la liberación de todos los rebeldes arrestados durante el motín. Estaría tentado a creer que lo hizo sólo por su buen corazón, pero esa es una jugada que, políticamente, le beneficia personalmente para cualesquiera que sean sus intenciones.

Pero no hay que olvidar los detalles: en casa, las cosas siguen enrareciéndose alrededor de Lotta. Por su propia voz sabemos que ella no conoce personalmente a su empleador. Podría ser un detalle irrelevante, pero ciertamente invita a conjeturar. Por otro lado, el príncipe –que ha quedado prendado de ella– ha enviado gente a observarla y eso podría terminar teniendo impacto en las actividades y las aún-desconocidas intenciones de Jean.

 Miss Kobayashi’s Maid Dragon (Capítulo 4)

Esta semana hubo grandes progresos en la vida de la familia Kobayashi. No es que necesitara hacerlo, pero Kanna decidió acudir a la escuela y eso, como ocurre con cada cambio, trajo consigo toda una nueva dinámica de su cotidianeidad. Lo interesante es que todo sirvió de pretexto para que se tocara un tema que concierne a familias y sociedades por igual: las diferencias. Aún más interesante fue la manera de hacerlo, valiéndose tanto de los eventos, como de los discursos.

Todo empieza con Kobayashi, Tohru y Kanna yendo a buscar los utensilios necesarios para Kanna. La primera papelería no tenía nada especial: lápices, bolígrafos y cuadernos funcionales y prácticos. Kanna no estuvo satisfecha, pues quería algo más kawaii. Aunque sabemos de sobra que la kawaiización de las cosas es una de las mejores estrategias comerciales que hay (y en la que los japoneses son especialmente talentosos), lo cierto es que en esa elección se juegan dos cosas aparentemente contradictorias: la búsqueda de individualidad y el deseo de pertenecer. Mediante su propia selección, Kanna afirma su individualidad, pero también demuestra cuán cómoda se siente estando en compañía de Kobayashi, quien corresponde ese sentimiento consintiéndola.

Los uniformes, sin embargo, van en otro sentido: su intención explícita es la de minimizar las diferencias individuales. Kobayashi sabe (y así lo explica), que nuestras sociedades le temen a lo que es distinto y hacemos numerosos esfuerzos conscientes e inconscientes para lidiar con ello. No es, pues, una cuestión menor. Para Tohru, en tanto dragona, esa tendencia es ridícula y da cuenta de la fragilidad de los humanos que, como tuvo ocasión de observar después, siempre tenderán a organizarse en torno de aquel que perciban como el más fuerte. Piénsenlo bien, amigos, en estas consideraciones hay elementos importantes.

Pero eso no es todo. Otra escena importante es aquella en la que Kanna, en su frenesí de compras, elige un colgante decorativo para su mochila, pero se da cuenta de que Kobayashi ha gastado ya demasiado dinero y se contiene en silencio. Pero Kobayashi se da cuenta y aprecia el sentimiento. Entre ambas hay un lazo de comunicación en el que ya no se necesitan palabras, la confianza es ya muy profunda. Entonces, también sin decir nada, Kobayashi compra el colgante en otro momento y se lo regala como un recuerdo de su primer día de escuela. Caray, esta clase de detalles son preciosos. Como dice el dicho: KyoAni always finds the way.

Este episodio Tohru quedó un poco de lado, pero eso no obstó para que se sentara la base de un conflicto que podría venir más adelante: a diferencia de Kanna, Tohru realmente no se ha terminado de integrar a la vida humana. “Vivir entre ellos no significa vivir con ellos”, dice a Kanna. Me pregunto si no se dará cuenta que justo ahí está perdiendo de vista algo que, en realidad, es fundamental.

Una divertida evidencia de cómo Tohru sigue sin entender de qué va su nueva vida.

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Psicólogo, psicoanalista y especialista en temas sobre Japón, su cultura y su sociedad. Entusiasta de las historias y sus lenguajes.

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