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#Reseña Temporada de Invierno 2017 – Semana 7

Una semana más de esta temporada y finalmente me decidí a dejar por la paz a las chicas ciclistas de Kamakura. Sospecho, no obstante, que nadie de los que me han hecho favor de leer estos comentarios va a extrañarla: creo firmemente que dio todo cuanto pudo con ese esquema y no es una pérdida que debamos lamentar. Esta semana también decidí alcanzar a Masamune-kun’s Revenge, para que los comentarios no se desfasen tanto en el tiempo. Por razones editoriales (siempre quise decir eso), los comentarios de Fuuka seguirán publicándose casi empalmando con el nuevo episodio.

Sin más, veamos qué nos trajo de interés esta semana.

Fuuka (Capítulo 8)

La semana pasada hablé un poquito de la difícil relación que existe entre los fans y las idols y este episodio avanzó precisamente por esa línea. Como recordarán, fueron muchos los que acudieron a la presentación del naciente grupo (que, por cierto, llevará el nombre de Fallen Moon; juego de palabras obtenido del apellido de Fuuka) sin más finalidad que la de hostigar a Yuu. Como era de esperarse, las cosas se descontrolaron lo bastante como para que Koyuki, que estaba presente) diera un paso al frente. Dadas las condiciones, cada paso que Koyuki ha dado desde que se filtró su foto con Yuu ha sido un desastre de relaciones públicas que pudo haber tenido consecuencias de verdad funestas.

El concierto, pese a todo, fue un éxito. Fuuka logró aplacar a los fans con su voz e incluso improvisó un dueto con Koyuki que sirvió para revertir un tanto la mala disposición que había en torno a Yuu. Sin embargo, Koyuki igual se disculpó “por los inconvenientes que causó con sus comentarios irreflexivos”, cosa que no es inusual entre las idols japonesas que, por una u otra razón, caen de la gracia de sus fans. Esto quizá se trate de una práctica demasiado normalizada: por ejemplo, Koyuki acepta su culpa, pero no así el sujeto que arrojó una botella a Yuu ni los numerosos fans que no hicieron más que vituperar a alguien que no conocían en absoluto.

Pero como he dicho en otras ocasiones, la relación entre las idols y sus fans es un asunto complejo. Ellas son, en cierto modo, “propiedad pública” y por esa razón no pueden expresar públicamente sentimientos que no correspondan con el ideal, so pena de ser sojuzgadas y castigadas mediante distintas formas de acoso. Por eso es que, tras el incidente, la representante de Koyuki no ve nada raro en indicarle que debe dejar de contactar a Yuu, pese a que no es lo que ella desea y el efecto es claro: si Koyuki no puede hablar con quien ama, tampoco puede cantarle. Su voz se apaga y con ella su carrera por completo pende de un hilo. La hipocresía de ese sistema (que permite la expresión de emociones reales en tanto cualquiera pueda apropiárselas, pero que las reprime cuando tienen un destinatario específico) es patente en su dilema.

Creo que, con todo, es un acierto presentar el problema de esa manera. Tengo mucho interés en ver cómo se desenvuelve.

 Interviews with Monster Girls (Capítulo 7)

Creo que, por primera vez, un episodio de esta serie estuvo cerca de hacerme enojar.

Ya desde el principio sabíamos que, desde que el Gobierno reconoció la existencia y derechos de los demi se tomaron medidas para facilitar su inserción y convivencia en la sociedad. A Hikari se le provee una dotación de sangre (que ignoramos de dónde proviene, por cierto) para su consumo. Los dullahan y las mujeres de las nieves parecen ser escasos y, en general, poco problemáticos. Los súcubos, en cambio, tienen cualidades particularmente complicadas.

El ejemplo en cuestión (Satou-sensei) es interesante: por razones que desconocemos, Satou-sensei decidió dedicarse a la educación, exponiéndose a convivir constantemente con adolescentes heterosexuales. Su condición de súcubo es conocida y aceptada por la comunidad educativa y ella corresponde siendo muy cuidadosa con el efecto afrodisiaco que emite, pero los incidentes están siempre al acecho. El chico que le tomó una fotografía a escondidas, por ejemplo, reconoció que no pudo evitar sentirse impelido a tomarla, pero no es fácil discernir hasta dónde el efecto afrodisiaco puede imponerse a la voluntad del otro.

Las reacciones de Takahashi-sensei a ella son otro ejemplo.

Así, dado que no puede saberse con certeza cuáles son los alcances de ese efecto, el Gobierno tiene una agencia dedicada exclusivamente a supervisar a los demi (especialmente a los súcubos). Un mal necesario, quizá, pero con un innegable tufo a persecución light.

Aquí es donde, creo, la serie hace trampa. Me queda claro que Satou-sensei hace enormes esfuerzos para funcionar en sociedad, pero no es difícil darse cuenta que es una situación por demás injusta que, seguramente, otros súcubos no tomarían con la misma madurez. Aprovecharían cada oportunidad para usar su efecto afrodisiaco y obtener así los satisfactores que deseen. El sexo vende y ser un súcubo podría ser increíblemente lucrativo. Pero, en vez de enfrentar ese dilema, la serie crea a un policía de buena índole y a una súcubo con un enorme sentido de la responsabilidad; es decir, el mejor caso posible en ese contexto. Una forma un tanto decepcionante de dar la vuelta al problema más interesante de todos, porque no se limita al demi sino a todo un sistema social que puede encontrar justificaciones y chivos expiatorios en un grupo particular que tiene todas las posibilidades de perturbar el orden.

Ojalá no se quede así.

 Idol Incidents (Capítulo 7)

Tanto nos anunciaron el conflicto entre Shizuka y su padre que resultó decepcionante el modo en que fue presentado y manejado al final.

Shizuka es la hija única del presidente de la compañía contructora Onimaru, que está a cargo de la construcción de un estadio en Niigata (la prefectura que Natsuki representa, por cierto). El proyecto, sin embargo, es demasiado ambicioso para la comunidad y los lugareños creen que se trata de un simple derroche de dinero que al final sólo representará problemas. Natsuki, como siempre, afronta el problema directamente sólo para encontrarse despreciada por Onimaru, quien no sólo no aprueba el trabajo de su hija como congresista idol, sino que rechaza la existencia de esta figura en el gobierno. De esta manera, la idea flotante que mantiene esta serie sigue ahí (el poder no-institucional de la celebridad) pero no se profundiza más en ello.

Por lo contrario, nuevamente es el impulso de Natsuki el que es capaz de mover a Shizuka a enfrentarse a su padre, mediante la realización de un concierto que llame la atención sobre el tema. No es una confrontación directa (quizá se trate de una familia que no sabe cómo lidiar con sus emociones) pero sí tiene el efecto deseado: el estadio se reformulará con mayor apego a las expectativas de la comunidad.

¿Podemos hablar de este último punto?

No soy ningún especialista en ciencia política, pero creo que este incidente fue uno de los pocos en los que la voluntad de una comunidad como tal interviene en un acuerdo entre Gobierno e iniciativa privada. Antes habían sido casos mucho más específicos (el jardín de niños y el festival de los gatos, por ejemplo), pero esta vez se trataba de una comunidad de todas las edades y, quizá, de intereses diversos. La idea que se acepta a pie juntillas es que ‘el pueblo’ tiene la razón siempre y sabe qué es lo mejor para sus intereses. Cosa que no necesariamente es falsa, pero tampoco puede ser siempre cierta. Esto es, precisamente, lo que cuestiona la esencia misma de las congresistas idols: si su única motivación es “hacer sonreír a los demás”, su perspectiva política tiene poco fondo y coherencia. Por esa ruta, eventualmente tendrían que conciliar deseos contrarios de comunidades adversas (conflicto en que ambas, en principio, tendrían razón) y, desde luego, reconocer que grupos de interés empresariales también son parte del pueblo.

No sucederá, sin embargo, porque la vocación de esta serie simplemente no llega tan lejos.

 ACCA 13 Territory Inspection Dept. (Capítulo 7)

¡Lo sabía!

La revelación de esta semana era una de las hipótesis que barajeaba sobre la identidad de Jean. Él es miembro de la familia real, está en la línea de sucesión y es muy probable que el rey lo tenga en consideración. Eso explicaría por qué no ha reconocido al príncipe Dwight como su heredero y por qué hay tanto secretismo en torno a su papel. También parece claro que Nino no sólo trabaja para Grossular, sino que también ha sido guardián de Jean y Lotta, por sugerencia del propio rey y, quizá, del Consejero Presidente.

Pero quedan dudas. El golpe de Estado sigue siendo un riesgo y quienes podrían (o no) estar usando a Jean como intermediario quizá conozcan bien su rol en la familia real. ¿Pero quién? ¿Grossular? ¿Lilium? ¿La directora Mauve?

También queda pendiente la verdadera historia del origen de Jean y Lotta. Hasta ahora sabíamos que perdieron a sus padres en el accidente de tren, pero, si están conectados con la familia real, es más lógico que sean hijos de la princesa perdida. Ahí se antoja una historia de amor clandestino que pudo haber puesto en jaque a toda una nación cuyos lazos son cada vez más endebles.

En lo general, me gusta ver a un Jean más activo, cada vez más dispuesto a develar el misterio que lo rodea (y a salvar su propio pellejo, claro). La suya no es, realmente, una posición envidiable.

 Miss Kobayashi’s Dragon Maid (Capítulo 7)

Perlas de sabiduría en este capítulo que no deben pasar desapercibidas:

La conversación sobre la familia y la adultez entre Kobayashi y Tohru. Es impresionante lo prístina que es la perspectiva de Kobayashi en ese sentido: creció en una familia normal y, eventualmente, se independizó para vivir por su cuenta. No lleva una mala vida y ha sido lo bastante open-minded como para aceptar la convivencia cotidiana con los dragones y aceptarlos como parte de su círculo. Es capaz incluso de reconocer que Tohru es madura a su manera: yendo en contra de lo que sería normal en su mundo, está adaptándose poco a poco a vivir en este, creando su propio sistema de valores. Pero la manera en que Kobayashi lo expresa es como para ponerle un marco: “algunos no es que se vuelvan adultos, sólo no pueden seguir siendo niños”. En la adultez está la expresión de la propia individualidad, la responsabilidad y el compromiso con uno mismo y con los demás. Cosa que, además de ser fundamental, Kobayashi remata cuando dice que no es lo mismo “comprender las palabras” que “comprender al otro”; esa es la brecha que nos aparta o acerca a los demás, el puente que se establece entre yo y el otro. Es un concepto con el que yo puedo comulgar.

La parte de la Comiket tampoco tuvo desperdicio. Aquí Tohru tuvo ocasión de presenciar una misteriosa fuerza que mueve a mucha gente y que, honestamente, yo tampoco sé muy bien cómo definir. Acudir a una Comiket con los ojos bien abiertos es mirar el fondo de una cultura popular que se adueña de historias, personajes y estilos para crear cosas nuevas y conjuntarlas en un momento efímero. Para una dragona como Tohru, para quien la vida no es tan breve, atrapar los instantes debe ser una tarea titánica y, sin embargo, puede hacerlo mediante su amor por Kobayashi que, poquito a poco va extendiéndose para ser un amor que también abarca todo lo que ella ama. Creo que eso significa el gesto de “liberarse” un poco y extender sus alas, para luego dejarse fotografiar hasta el cansancio. Es ser uno con la corriente, pero sin dejar de ser uno mismo.

Esta vez el fanservice fue lo de menos.

 Masamune-kun’s Revenge (Capítulo 7)

 Finalmente, el infaltable episodio de playa (y OTRO personaje nuevo).

Los acontecimientos, sin embargo, no fueron particularmente dignos de mención. El pretexto para que Masamune, Fujinomiya, Futaba y Koujuuro se unieran a Aki y Yoshino en sus vacaciones de verano fue completamente arbitrario, pero refleja algo que cada vez se va haciendo más constante: que Masamune puede imponer su voluntad a Aki, manipulándola.

Pero no es el único: en otro extremo de la trama está Yoshino. La joven sirvienta ayuda a Masamune supuestamente buscando un cambio positivo en la actitud de Aki, pero esa justificación me parece cada vez menos creíble. Algo semejante ocurre con Fujinomiya (de quien ni siquiera Yoshino ha podido darnos alguna luz), pero también con el nuevo personaje: Midori Yuisaki.

Yuisaki es una secretaria que ha trabajado para la familia Adagaki, por lo menos desde que Aki era una niña. Al parecer, tiene muy mala suerte en lo que toca a sus relaciones con el sexo opuesto: ninguno de sus novios la ha tomado realmente en serio. Así, sin que ella misma haga algo para remediar esa situación (de la que desconocemos todo detalle, vale decir), Yuisaki ha depositado sus esperanzas en la actitud de Aki hacia los hombres. Con cada rechazo brutal perpetrado por nuestra heroína, Yuisaki se siente reivindicada de alguna manera. Por eso le cayó tan mal que Masamune se presentara ante ella como el novio de Aki (una mentira que ella decidió tragarse porque… vamos, ya está enamorada de él). Por eso trató de boicotearlo. Sin embargo, la cuestión no pasó a mayores. Yoshino intervino para salvar a Masamune de la vergüenza y, al contrario, logró ganarla a su favor.

Es increíble la cantidad de expectativas que todos depositan en Aki. Con cada capítulo me vuelvo más su apologista: ¿cómo no va a ser una muchachita cruel si todo aquel que la conoce no hace más que intentar imponerle su agenda? ¿Quién, de entre todos los que la conocen, de verdad presta atención a lo que dice?

 (Capítulo 8)

 Ya veo un puente de comunicación mucho más genuino entre ambos. Para Masamune, la venganza tiene un sentido un poco más profundo del que yo le reconocía y eso puede darle, finalmente, un giro mucho más atractivo: él, como ella, sabe lo que es ser visto como un objeto. De mal carácter y gordo, sus “amigos” sólo lo querían en tanto les comprara cosas y darse cuenta de ello debió ser dolorosísimo. Estoy seguro que Masamune vio en su amistad incipiente con Aki un oasis que probablemente confundió con romance. Despreciado nuevamente, Masamune pone excesivos esfuerzos en una venganza inútil dirigida hacia la única que alguna vez creyó distinta. Pero en este punto parece incapaz de darse cuenta que no hay quien lo comprendería mejor; que nadie como ella conoce lo que es ser objeto de tantas expectativas.

Fujinomiya no está en ese mismo lugar, pero lo que ocurre con ella quizá no sea menor. Me recuerda un poco a Marika Tachibana, de Nisekoi: una chica enferma que, cansada de ser compadecida por todos, se lanza con todas sus fuerzas a perseguir eso que desea. Pero ella, como Masamune bien sabe, tampoco lo ve realmente. No todavía. Su disposición tiene más que ver con ella misma que con el amor y es algo por lo que él cree que no vale la pena renunciar a su venganza.

 

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Psicólogo, psicoanalista y especialista en temas sobre Japón, su cultura y su sociedad. Entusiasta de las historias y sus lenguajes.
Un comentario
  • #Reseña Temporada de Invierno 2017 – Semana 8 ‹ RetornoAnime, Japón en tus manos.
    4 Marzo 2017 at 9:49 AM
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    […] de las congresistas idol. Me sorprendió que este episodio hiciera una referencia tan inmediata a lo que decía la semana pasada sobre la fragilidad de la base ideológica de las idols, mostrando que todos sus pequeños triunfos […]

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